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Mi lugar favorito

Joaquín Sabina decía en una de sus maravillosas canciones que “al lugar en el que fuiste feliz, no debieras tratar de volver”. Pero, ¿por qué no desafiar a nuestros miedos y demostrarle que somos más fuertes que él?

Las personas pasamos cada día por millones de sitios diferentes: calles, avenidas, parques, centros culturales, edificios…y todos ellos terminan pasando inadvertidos ante nuestros ojos. Tras contemplarlos una primera vez asumimos casi inconscientemente que formarán parte de nuestra más estricta cotidianidad, quedando así relegados a un inhóspito rincón de nuestra memoria visual. Ellos, sin embargo, no nos guardan rencor por ello, y nos observan con cierta melancolía desde su pétrea posición, aferrándose a la esperanza de que alguien se fije de nuevo en ellos y poder así, atesorar el comienzo de una nueva y maravillosa historia.

Y es que lo creamos o no, en el corazón de muchos de esos lugares, que para la inmensa mayoría quizá no signifiquen nada, para muchas otras son el recuerdo vivo de buena parte de sus mejores momentos…Jardines que hablan de amor, calles que huelen a despedida, avenidas que transmiten proyectos futuros, ilusiones; colegios que fueron custodiando millones y millones de sonrisas, de sueños cumplidos y ambiciones por alcanzar; habitaciones que suenan a llantos desconsolados y a noches de insomnio; parques que podrían contar miles de anécdotas, y rememorar paseos románticos a la brillante luz de una luna que se escondía estratégicamente entre la maleza…

Todos, sin excepción, tenemos nuestro lugar, un pequeño refugio particular dentro de este inmenso paraíso llamado mundo. Y sin quererlo, o sin saberlo, volvemos a él una y otra vez, porque allí nos sentimos seguros, nos encontramos con nosotros mismos cuando nos hallábamos perdidos, y desde ahí todo a nuestro alrededor se ve diferente. Quizá no todo lo vivido en él fue positivo, pero el dolor también es sabio maestro, y si fuiste feliz allí, encontrarás siempre esa gran razón para regresar a él de nuevo.

Conozcamos a continuación, los lugares favoritos de nuestros alumnos de 1ºESO…

Lugar favorito

Soraya Aracil Seco, 1ºESO A

Inés Mira Pérez, 1ºESO B

Claudia Hidalgo Bañón y Ainara Bautista Bayona, 1ºESO A

Irene Picó Samper, 1ºESO B

Sara Martínez Aracil, 1ºESO A

Carlos Reche Vicent, 1ºESO B

Lucía Tárraga Romero, 1ºESO A

Aitana Palao Peydró, 1ºESO B

Lucía Valls Hernández, 1ºESO B

Pascual Chamorro Sánchez, 1ºESO B

Daniel Amorós Rico, 1ºESO B

Annais Díaz-Cacho Pérez, 1ºESO B

Octavio Ferrero Miró y Jordi Vilaplana Sola, 1ºESO B

Eduardo Vicedo Ortega, 1ºESO A

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Cuentos…

Sostenía entre mis manos una de esas historias tan fascinantes que no puedes dejar de leer, aquellas palabras ejercían sobre mí una atracción tal, que no podía evitar una punzada de nostalgia al pensar que el final de aquel trepidante viaje pudiera estar cerca. Lloraba con las desventuras de sus protagonistas, celebraba sus triunfos, les daba consejo desde la distancia infranqueable que nos separaba, compartía sus ilusiones, y soñaba con la posibilidad de ser algún día uno de ellos…Hasta que un día, víctima del ensimismamiento que provocaba aquel relato sobre mí, me quedé plácidamente durmiendo, y fue entonces cuando pude cumplir mi mayor anhelo: ¡ser una de sus protagonistas! Por fin podría dejar a un lado el juego de las expectativas, para empezar a vivir de verdad, desde dentro, aquella inolvidable experiencia…

Y eso mismo fue lo que les sucedió a nuestros alumnos de 2ºESO, quienes embriagados por el placer de la lectura, consiguieron traspasar las barreras del tiempo y el espacio para convertirse en auténticos héroes, en aspirantes a chefs, en detectives que habrían de enfrentarse a casos aparentemente irresolubles…En definitiva, personajes que, sin duda, no pasarán desapercibidos para todos aquellos que se animen a perderse entre las páginas de estos cuentos…

Pasen y vean, quizá ustedes sean los próximos en disfrutar en primera persona de la magia de una de estas historias.

Cuentos

Quédate a mi lado por Natalia Peydró Medina y Elena Sánchez Zafra, 2ºESO B

Las claves del Templo de Lacondona por Pablo Amorós Gámez, 2ºESO A

Pistas en el camino por Ángela Mínguez Bernabéu, Cristina Gosálbez Beneyto y Angie Pabón Peinado, 2ºESO A

Los valores de la vida por Mila Martínez Ferrero y Lucía Vicedo Márquez, 2ºESO B

El plato a la perfección por Ángela Vilaplana Verdú y Nicolás Payá Martínez, 2ºESO A y B

Siempre juntos, siempre nosotros por David Verdú Cerdá y Elena Verdú Cerdá, 2ºESO A

La amistad por Noemí Sáez Ramírez, Iván Guill Rico y Claudia Santonja Beneyto, 2ºESO B y A


 

Hojas caídas por Sandra Yago Regidor y Estela Ortega Bernabéu, 2ºESO B

 

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Invisibles

Escucho una música que despierta mis sentidos, consigue sacarme de mi letargo y me devuelve de nuevo a la realidad, pero a una realidad dulce, nueva, apacible…Decido seguirla, su inspirador sonido me guía hasta el final de una calle, conforme avanza mi paso, los acordes se hacen más y más intensos, siento que puedo tocarlos, que puedo abrazarlos, que tienen vida, que soy parte de ellos…En su melódico compás encuentro parte de mi esencia olvidada, de mi yo interior, de mis recuerdos, miles de momentos se cruzan por mi mente como destellos de luz irrepetibles, y no puedo dejar de sonreír, es una sensación mágica. De pronto, siento que alguien me observa, una mirada incrédula y llena de paz me mira preguntándose algo que no puedo responder, y entonces, aquel hombre se resigna ante un ya familiar silencio, esboza una tierna mueca y me da las gracias con una complacencia infinita. No sé qué decir, ni qué pensar, así que me quedo allí de pie, sin más, y sigo disfrutando de cada nota mientras veo a la gente pasar, gente y más gente que andan de un lado a otro, cada cual ensimismado en sus propios pensamientos. Nadie mira, nadie escucha la música, pero ella no cesa, mantiene la esperanza, porque nació para ello…

De camino a casa me cruzo con un niño. Es mi vecino, y parece más triste de lo habitual. Me acerco a él preocupada, pero no muestra muchas ganas de hablar. Intuyo que algo le pasa desde hace meses, lo cierto es que nunca lo veo jugar con nadie, y siempre está alicaído. He intentado ayudarle, y ahora sé, aunque no fue fácil averiguarlo, que no tiene amigos. A veces lo veo pasar, y al cruzarse con un grupo de chicos de su edad, reconozco en su mirada la envidia inocente de un niño, y una punzada de dolor me estremece.

Todo ello me ha hecho reflexionar…Se sientan cada día en el mismo rincón, queriendo pasar desapercibidos, pero en el fondo claman al mundo atención, en su interior se mantiene oculta una historia que necesita y merece ser contada, un vida llena de luces y sombras que quiere seguir su rumbo como la de los demás. Quizá fue el infortunio quien les relegó a la fuerza a un tedioso segundo plano, y la sociedad, presa de un individualismo casi condenatorio, se olvida sin querer de que están ahí, y que basta una sonrisa, una palabra amable o un gesto cargado de empatía, para hacerles saber que no son invisibles, porque en realidad nadie lo es.

No te importe detener tu tiempo para ayudar a los demás, la vida alcanza su sentido pleno cuando uno es útil para quienes le necesitan.

Invisibles

Invisibles, esa palabra que pasa desapercibida, esa palabra en la que nunca pensamos, esa palabra que solo nos recuerda a algo que no se ve, pero tal vez, somos nosotros los que no vemos o no queremos ver .

Todos los días, cuando caminamos por la calle, vamos pensando en nuestras cosas, en qué vamos a hacer, en lo que ya hemos hecho… como es normal, pero mientras tanto hay cientos de personas que pasan por nuestro lado y ni siquiera vemos, hay tantas personas que se ven obligadas a pedir por la calle, por ejemplo, que ya estamos acostumbrados a decir que no, y tal vez es que de verdad no podemos ayudarlas, pero hemos de pensar el por qué esas personas están así, por qué no sonríen a la vida y no miran a los ojos y el por qué se ven forzadas a pedir día tras día en la calle. Hay algunos que no tienen más remedio que sentarse a esperar a que alguien que pueda les ayude, ya que sus pies no pueden soportar el peso de su cuerpo; otros caminan muchísimos kilómetros solo para recibir algo; algunos ni siquiera conseguirán nada, pero lo intentan.

Lo primero que hacemos al ver a una persona desconocida es criticarla, la juzgamos sin conocer, cuando en realidad no podemos saber nada de ella , y lo cierto es que llevan consigo una historia que tal vez nos puede dar una gran lección que desconocemos .

Si solo por un momento pudiésemos ponernos en el estado no sólo físico, sino también emocional de esta gente, si pudiésemos sentir ese gran dolor, que es como una nube situada sobre tu cabeza tirándote rayos continuamente, entonces reflexionaríamos, porque esas personas no sólo se preocupan por ellas, tal vez tienen una familia a la que mantener, alimentar y cuidar, y quizá si ayudamos de algún modo a una de esas personas, podemos estar ayudando a una familia entera.

Invisibles, no lo son, solo que a veces los hacemos sentir así.

Tenemos que tener empatía hacia esas personas y mirar nuestro entorno y lo que nos rodea.

Mila Martínez Ferrero, 2ºESO B

Muchas veces las personas no asumimos las consecuencias de las decisiones que tomamos, ni reconocemos nuestra responsabilidad cuando las cosas se tuercen, siempre decimos que la culpa es de otro, que nosotros no hemos hecho nada, pero ahí veo yo el problema, en el hecho de no hacer nada cuando vemos que algo no está bien, el hecho de callarnos y no decir: – ¡basta! ¡Hasta aquí hemos llegado!, en vez de hacer eso, nos callamos.

Además yo pienso que vivimos en una sociedad donde además de criticar, nos fijamos mucho en cómo va ese vestido, o en cómo actúa ese otro. Y excluimos, a veces sin darnos cuenta, a gente que no nos ha hecho nada, simplemente porque son diferentes a nosotros o no piensan igual. Yo, por suerte o por desgracia, no nunca me he sentido “invisible” y la verdad es que no me gustaría sentirme así nunca, pero si he tenido la ocasión de vivir esa situación en una persona cercana a mí. Lo que más pena y rabia me daba era ver que esa persona estaba mal, que a pesar de que ella no hiciera nada, la excluían y la dejaban de lado, y saber que tú no podías hacer mucho por ella, solo estar ahí apoyándola en sus peores momentos, era decepcionante. Muchas noches cuando no me podía dormir, me paraba a pensar y me preguntaba ¿por qué le hacían eso? Si ella lo único que quería era disfrutar de la vida que para eso está, para disfrutarla y para vivirla.

Muchas veces los profesores nos dicen que cuando veamos alguna injusticia, alguna humillación, tengamos el valor de ir a ellos y contárselo, pero no es tan fácil como ellos lo pintan, o eso creemos nosotros, simplemente porque te da miedo que los compañeros de clase se enteren de que te has chivado tú, te dejen entonces de lado, te humillen y nunca más vuelvas a tenerlos como amigos.

Elena Verdú Cerdá, 2ºESO A

Si fuéramos por la calle caminando y le preguntáramos a diez personas si existe la invisibilidad, seguramente las diez responderían que no. De hecho, hasta hace poco yo también lo creía así, pensaba que ésta solo se podía ver en las películas de ficción, con el efecto especial de alguna manta mágica.

Normalmente en las grandes ciudades es donde se encuentran más “sin techo”. Los niños prefieren no mirar, pero los adultos más detestables les miran con mala cara, como si no se hubieran esforzado en esta vida esas pobres personas.

También en todos los colegios siempre hay niños distintos, especiales. Pero, desgraciadamente, siempre hay alguno que es apartado de la sociedad, que no es bien recibido, que cada vez que habla es criticado.

La verdad es que no sabemos la historia del vendedor de pañuelos del semáforo, ni la de ese niño solo llorando sin nadie que le apoye en el patio. No podemos saber la verdadera historia de estas marginaciones. Entonces, si ahora le preguntásemos a diez personas marginadas si creen en la invisibilidad, probablemente dirían que sí, que les han tapado con la manta del olvido.

Nicolás Payá Martínez, 2ºESO B

Hay tantas personas a las que denominamos invisibles, que si tuviese que citarlos a todos no tendría suficientes horas en la vida para hacerlo.

Lo cierto es que para descubrir casos de pobreza o desigualdad no hace falta buscar ejemplos en internet, basta con que echemos un vistazo a lo que sucede en nuestro país, en nuestra ciudad, donde todos los días hay personas que sufren este tipo de calvarios. Sin ir más lejos, a veces en los colegios nos encontramos con ejemplos muy claros: personas a las que se le hace la vida imposible, les humillan, y hasta en casos extremos les llegan a agredir.

Este tipo de situaciones me parecen repudiables, y ponen de manifiesto una gran falta de humanidad, pues todo ser humano -por diferentes que seamos- nos merecemos un mínimo de respeto.

A estas personas en muchas ocasiones se les considera invisibles, porque aunque les podamos ver, hay mucha gente que no les hace caso.

A las personas que se utiliza como objeto de mofa, siempre son los más débiles, los pobres y todos aquellos que son considerados distintos porque sí.

Para terminar esta redacción quiero plantear la siguiente ¿Por qué no atacas a los que son más fuertes que tú? O, directamente, no le hagas eso a nadie.          

Jorge Serrano Arratia, 2ºESO A 

Nunca me he parado a pensar en el significado de la palabra invisible, en el sentido tan profundo que puede tener cuando estamos hablando de personas, porque vayamos donde vayamos siempre nos encontramos con ese tipo de personas a las que llamamos pobres o sin techo. Y nunca nos hemos puesto en su piel. Éstos podrían pasar el día entero pidiendo ayuda y ganar un solo euro. Esas personas no piensan en qué harán en el futuro, sino en qué comerán esa noche y dónde dormirán.

La sociedad a veces es un poco egoísta y sólo pensamos en nuestro bienestar personal. Aunque también es cierto, que al igual que hay personas que de verdad lo han perdido todo, hay otras que quieren engañar a la gente haciéndose pasar por pobres indefensos , y esto provoca que la gente al final ya no sepa si de verdad lo necesitan o es todo un timo.

Aún así, intento creer en la buena fe de las personas y creo que debemos ayudarlas, sobre todo si han perdido a su familia que es lo más importante del mundo.

Lucía Vicedo Márquez, 2ºESO B

Una persona es invisible cuando los demás, sin razón justificable, la consideran diferente a ellos, sea por el color de la piel, por la nacionalidad, por su religión, etc. Hoy en día muchas personas viven el calvario de ir al colegio y tener que soportar que sus compañeros de clase se burlen de él o de ella, o que no le acepten en el grupo de amigos por cualquier motivo. Las personas que consideran a otras diferentes son personas maleducadas.

Las personas invisibles tienen miedo, y por eso se encierran muchas veces en sí mismas, porque no se atreven a exponer su punto de vista hacia los demás. Con este texto quiero decir que todos somos iguales, porque todos vivimos en el mismo planeta, todos tenemos los mismos derechos, y lo que es más importante, todos somos personas.

David Rus, 2ºESO A

Vivimos rodeados de personas invisibles, personas que no se sienten vistos, quizás porque nadie se fija en ellos, porque pocos los nombran, porque son poco aceptados, pero aún así hoy y siempre estarán, vayas donde vayas te encontrarás con esa persona a la que posiblemente no le des importancia, pero debes saber que dentro de ella hay una historia que quizá compartes, y la estás dejando pasar. Te da igual lo que diga, no importa, pero de pronto hay algo en ti que te hace ver que tal vez, si atiendes a esa persona que es como una estrella, y te pones en su piel, te iluminará.

Esa persona que por miedo a ser contestada o tal vez criticada, no da respuesta ni opinión, y no sabe cómo hacerlo para que todos le comprendan o le escuchen y sólo cuando la conoces por dentro, te hace reflexionar y te das cuenta que da lo mismo como sea físicamente o psicológicamente, si quieres ser escuchado y respetado trata a los demás por igual, para que nunca se sientan invisibles.

Elena Sánchez Zafra, 2ºESO B

Madrid 11 de marzo 2012

Querido diario, hoy empiezo a escribir, pero antes me voy a presentar. Me llamo Judit y tengo 15 años, mi mejor amiga se llama Iris… bueno, creo que ya no es mi mejor amiga porque es que hoy cuando estábamos en el patio se ha puesto la misma camisa que yo y me ha dado mucha rabia, entonces he cogido las tijeras y se la he roto, pero lo que no entiendo es que la profesora me ha reñido a mí y encima me ha obligado a pedirle perdón, ¡esta vida es muy complicada!

Madrid 20 de marzo 2012

Querido diario, llevo unos días que no te he escrito porque no me apetecía, pero hoy he sentido la necesidad de escribir, y es que he pasado unos días un poco malos. Todo empezó cuando estaba hablando con el chico que le gusta a mi amiga Iris y me preguntó que si Iris quería a alguien y yo le dije que le quería a él, entonces el chico se lo dijo a toda la clase hasta que se enteró mi amiga Iris y se enfadó mucho conmigo, me dijo que ya no podía confiar en mí, que dejaría de ser mi amiga, que era un ser despreciable y que me quedaría sin amigos. Yo me puse muy furiosa, y me escapé de clase, llegué a mi casa unas horas más tarde y mis padres me estaban esperando sentados con los brazos cruzados, pidiéndome explicaciones porque le habían llamado del colegio por haberme escapado. Me castigaron sin móvil y sin poder salir de mi casa, solamente para ir al colegio y hacer trabajos, ¡Nadie me comprende!

Madrid 29 de marzo 2012

Querido diario estoy muy triste, ahora sé lo que es estar sola, no tengo ningún amigo, todos me odian, nadie me quiere, nadie me comprende, no confían en mí, nadie me cuenta nada, no tengo a nadie a quien contarle mis penas y me estoy planteando cambiarme de colegio, pero creo que eso no cambiaría la situación. Esta tarde voy a ir a casa de una amiga, o al menos lo era, para hacer un trabajo de lengua y le voy a pedir su opinión acerca de lo que me está pasando. 

Madrid 30 de marzo 2012

Querido diario ayer tuve una charla muy intensa con mi amiga, y me ha dicho que llevo unas semanas rara, que estoy cambiando de forma de ser, que estoy más distante y que no hago las cosas bien; y ellas están muy enfadadas conmigo, sobre todo Iris. Me ha dicho que la solución es pedirle perdón, aunque no solo vale con eso, también tengo que demostrarle que he cambiado. Sé que me va a costar, pero mi amiga me ha abierto los ojos y es verdad que llevo unos días comportándome mal con ellas, espero solucionarlo…

Madrid 30 de mayo 2012

Querido diario han pasado dos meses y ya he solucionado los problemas que tenía con mis amigas,  me he dado cuenta que una de las peores cosas que te pueden pasar en la vida es estar solo, porque sin personas que te quieran no puedes ser feliz, a veces estamos solos porque alguien decidió hacernos la vida imposible, pero en otras ocasiones estamos solos por nuestro carácter, por ser despreciables, ariscos, egoístas, caprichosos… Por eso cuando te das cuenta que lo estás haciendo mal tienes que solucionarlo, porque a lo mejor cuando dejas pasar el tiempo ya no tiene solución.

Estela Ortega Bernabéu, 2ºESO B

Cuando veo escrita la palabra invisible, siempre pienso en aquellos niños y niñas que sufren cada día de su vida acoso escolar. Porque si reflexionamos un poco, detrás de cada persona hay una historia diferente, hay personas tímidas, personas sin padres, personas que no tienen dinero para alimentar a sus propios hijos. Y como desconocemos la realidad que se esconde detrás de cada persona no hay que insultar, ni pegar, ni abusar de una persona indefensa.

Yo entiendo que los agresores son aquellas personas que no se sienten bien con sí mismos, y pagan su frustración con los demás.

También, por desgracia, están aquellas personas que no tienen dinero para alimentarse ni un lugar donde dormir, y tienen que buscar una casa ajena, hasta que finalmente los vuelven a desahuciar.

Es triste que a veces no nos demos cuenta de lo que están sufriendo algunas personas, de lo duro que es vivir en la calle…

Noemí Sáez Ramírez, 2ºESO B

Las personas invisibles son personas que no merecen nuestra indiferencia, debemos tratarles con respeto y educación. Cuando nosotros excluimos a estas personas, antes de hacerlo deberíamos ponernos en su lugar y ver así cómo se sienten cuando les hacemos eso; a veces este tipo de personas están tan cansadas de lo que les hacen, que toman decisiones erróneas. De hecho, no sé cómo pueden aguantar su día a día soportando insultos, agresiones físicas y psicológicas, por eso hay que ayudarles, para que no pasen por ese calvario, y puedan sentirse integrados. 

Cristofer Montero Leyme, 2ºESO A

En todas las sociedades hay personas que se vuelven invisibles para el resto… Cuantas veces paseando por zonas muy concurridas encontramos a personas pidiendo, y si nos paramos a observar podemos ver que una gran mayoría pasa por su lado sin ni si quiera mirarlos. ¿Son invisibles? ¿O realmente no queremos verlos?Nos preguntamos por qué están en esa situación o por qué las personas que nos representan no hacen nada para que en vez de pedir puedan pasear como el resto.

En esta época del año, cuando se acerca el frío y la navidad, todos nos volvemos más sensibles e intentamos ser más generosos, pero esa no es la solución, al menos no a largo plazo. La Constitución dice que todos somos iguales y que todos tenemos derecho a tener unos recursos, al menos, mínimos para poder vivir, pero lo cierto es que eso no se cumple.

Hay que quitarse lavenda de los ojos y mirar la realidad, e intentar cambiarla para no seguir paseando sin ver a la gente invisible.

Paola Martínez Moltó, 2ºESO A

No puedo creer que haya personas tan crueles, que se sientan bien después de humillar a otro ser humano, solo porque sea de diferente nacionalidad, sea más callado, más tímido o, sencillamente, diferente a ellos.

Creen que por hacer eso son superiores, mejores, y en realidad son unos desalmados. A veces se meten tanto con una persona, que le hacen la vida imposible. Por su parte, esas personas “invisibles ” se levantan con miedo de ir al instituto por las mañanas, porque saben que ese día los de “siempre” se burlarán de nuevo de ellos. Y así una y otra vez.

Luego también están las personas pobres, personas que no tienen un techo bajo el que poder cobijarse, vivir, o no tienen suficiente dinero como para poder comer todos los días. La gente que los ve, los evita, solo por su aspecto, y éstos, en realidad, no saben que esas personas ” invisibles ” tienen un pasado, una historia. Pero como en cierto modo a día de hoy triunfa la superficialidad y el materialismo, no son conscientes de ello y de las desdichas de estas personas.

Angie Pabón Peinado, 2ºESO A

Vivimos en una sociedad materialista, donde lo que más importa de las personas es el físico, incluso hay veces que ni siquiera nos damos cuenta, nos sale de forma involuntaria. Las personas tenemos la tendencia a criticar a los demás, hasta incluso sin conocerles de nada, simplemente las juzgamos por su aspecto, por su forma de vestir o por envidia. Estas “víctimas” se suelen convertir en marginados sociales, sin amigos, sin trabajo y en situaciones extremas, sin familia. Si llevamos el tema al ámbito académico, nos damos cuenta que a nuestra edad lo que hacemos es elegir a personas, niños y niñas con algún defecto físico y los convertimos en el objetivo de infinitas burlas y acosos, que después, delante de padres y profesores, simplemente son bromas.

En mi opinión, una de las cosas más tristes que le puede pasar a una persona es quedarse solo, sin una familia que se preocupe por ti, ni amigos que te ayuden cuando lo necesites, por eso, las personas invisibles para la sociedad son aquellas que no tienen nada, lo han perdido todo y no tienen a nadie que les defienda y ni siquiera que les haga compañía.

Desgraciadamente así es nuestra sociedad actual, con personas que se creen superiores a otras simplemente por ser más guapo, más alto, más listo etc. Es una lástima pero, a veces, es la realidad.

                                                                                                                                                                             Natalia Peydró Medina, 2ºESO B

Yo tengo una amiga cuyo nombre no quiero revelar, sólo diré que lo ha pasado muy mal.

Ella tiene 12 años, y esta es su historia. La gente la criticaba y juzgaba por su aspecto físico y sus cualidades. Pero, muchas de las personas que le criticaban e insultaban no la conocían de nada, así que yo siempre la animaba diciéndole que por mucho que digan algo malo de ti, algo que te moleste o te duela, nunca te lo tienes que creer de verdad porque esas personas no te conocen, no saben cómo eres por dentro, cómo sientes.

Yo pienso que la gente que ofende, humilla o incluso maltrata, es porque ellos en realidad por dentro se sienten mal, tienen algún tipo de problema psicológico, y su forma de desahogarse, en vez de llorar o contárselo todo alguien, es meterse con las personas que piensan que son inferiores a ellos o menos importante, en definitiva, más débiles. Y lo que hacen es destrozar a esa persona que no tiene culpa.

Los agresores en realidad tienen un grave problema.

Claudia Santonja Beneyto, 2ºESO A

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Cartas al cielo

¿Alguna vez os habéis parado a pensar en la relatividad del tiempo? En ocasiones, aunque éstas sean mínimas, disponemos de mucho y, sin embargo, no lo invertimos bien, lo derrochamos sin caer en la cuenta de que nada, ni nadie nos lo podrá devolver. Otras, por el contrario, quisiéramos atraparlo, estirarlo, hacer con él malabarismos, pero todo esfuerzo es en balde, porque éste no se resiste y se escapa entre nuestros dedos mientras nos sentimos inmensamente tristes, decepcionados e impotentes. Y es entonces cuando recordamos con dolor todas aquellas veces que no le dimos al tiempo su sitio, que no lo valoramos como debíamos hacerlo…El tiempo viene y se va, pero nunca lo hará de la misma manera; necesitamos de su inmensidad para saborear la vida, pero si menospreciamos su fugacidad, nos invadirá el vacío.

Todos hemos perdido a alguien a quien amábamos, respetábamos y admirábamos con todo nuestro corazón. Y en aquel fatídico instante hubiésemos deseado poder volver a atrás, borrar nuestros fallos, dar más besos de los que dimos, no concederle ni un minuto a cualquier nimia discusión, recrearnos en la simpleza de los pequeños detalles que engrandecen el viaje, mirar con fervor las facciones de su rostro, sentir de nuevo el tacto cálido de su piel, la ternura y la sapiencia de sus palabras…Pero en aquel ominoso y gris instante ya nada de lo que pudiéramos desear es posible. Sin embargo, un sentimiento de paz nos reconforta al pensar en el tiempo disfrutado junto a esa persona, en todas las experiencias compartidas, en las veces que erramos, pero también aprendimos, en los sueños alcanzados y en las promesas que juramos cumplir en su nombre. Y eso es todo lo que nos queda cuando reina el silencio eterno.

No podemos saber qué hay más allá de esta vida, ni tener la certeza de que nos estén escuchando, ni siquiera de que puedan vernos, pero si hay algo cierto es que el amor no termina aquí, es la única fuerza capaz de atravesar la barrera del tiempo, cualquier inhóspita distancia. El amor que dimos y el que recibimos vive en nosotros, en los que se marcharon y en los que vendrán.

Hoy, con los ojos puestos en un infinito cielo azul, mandan sus emotivas y profundas cartas los alumnos de 1ºESO. Y así esta noche, miles de estrellas brillarán más que nunca en el firmamento.

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Querido primo Nicolás:

Hace tiempo que no te veo, pero quiero que sepas que no te he olvidado y sé que siempre estarás conmigo. Echo de menos esos momentos que pasábamos juntos en casa de los abuelos cuando éramos pequeños. Echo de menos tu sentido del humor, tu rostro. Me encantaría que pudiéramos volver a jugar como lo hacíamos, aunque sé que tal vez tú no te acuerdes de nada, porque tenías cuatro años.

Carla Valero

Cuando llevaba tiempo sin verte yo le decía a mi madre: “Mamá, ¿cuándo vamos a ver al primo Nicolás?” A veces incluso me ponía a llorar, pero cuando me enteré de lo que te pasó y de que no volvería a verte lloré con más fuerza.

Sé que dentro de mucho tiempo podremos reunirnos de nuevo, donde desde hace tiempo que tú estás.

TE QUIERO MUCHO, CARLA

Carla Valero Ruiz, 1ºESO B

¡Hola tío!, hace mucho que no sé de ti. Te fuiste sin decirme adiós, sólo dejando tristeza por tu pérdida. Pero sé que no fue culpa tuya, la vida puede ser muy injusta…

No supe apreciar tu amor, ni los pequeños regalos que me hacías. Realmente pasaba la mayor parte del tiempo contigo, pero no pensaba en lo afortunada que era teniéndote a ti. No valoraba las cosas como las valoro ahora. Hasta que un día más del año, te fuiste sin más.

 Lucía Tárraga

Tú me enseñaste muchas cosas, pero sobre todo a apreciar a la gente que quiero. Eras como un segundo padre para mí. Me contabas historias, jugabas conmigo y, sobre todo, me querías. Ahora te añoro mucho porque no te tengo para que me aconsejes en momentos difíciles o para que simplemente te vea y te abrace con todas mis fuerzas. Gracias por todo. Te quiero.

Lucía Tárraga Romero, 1ºESO A

Yo tenía cuatro años cuando desapareciste, te fuiste de nuestra vida casi sin avisar, en silencio, te fuiste en el momento más difícil. Nuestra relación era muy estrecha, pues como nuestra casa es un dúplex vivíamos nosotros arriba y tú abajo; aun me acuerdo de cuando todas las tardes al venir del colegio iba corriendo a tus brazos, con ganas de pasar la tarde contigo, como cualquier niño siempre quiere ver a su abuela.

Mis hermanas no pudieron conocerte, pero si hubiese sido así nos lo hubiésemos pasado muy bien las cuatro juntas al tenerte viviendo debajo de nosotros. Tu partida fue más difícil de afrontar por el hecho de que nos veíamos todos los días. Al recordarme mamá cómo nos lo pasábamos juntas, no puedo dejar de llorar.

Nerea Giner

Te fuiste poco después de que mamá anunciase que tendrías dos nietas más, a las que ya no pudiste ver, abrazar, besar…No pudiste verlas sonreír, cogerles el dedito con la mano, y eso entristece más aun tu partida, aunque sé que la muerte no te llevo del todo, pues ella no sabía que siempre estarías en nuestro corazón. Sé que ahora estás en un lugar mejor cuidando de todas mis mascotas. Tú lo dabas todo por todos, te preocupabas más por los demás que por ti misma. Para nosotros eras la persona más buena de todas, por eso vamos cada dos semanas a verte, para no entrañarte, para que esta vida no se convierta en un mar de lágrimas porque como todos, vivimos y después morimos. Es el ciclo de la vida.

Te echamos de menos, pero sé que estás bien, cuidando y protegiéndonos a todos nosotros.

Te quisimos, te queremos y siempre te querremos.

Nerea Giner Aguado, 1ºESO B

Os escribo esta carta porque creo que es el momento oportuno para deciros lo que os quiero y os añoro, porque ahora soy yo la que necesita ese amor que vosotros teníais, ese apoyo y ese ánimo que tanta falta me hace.

Si os escribo esta carta es para que sepáis que sigo aquí a vuestro lado, que podéis apoyaros en mí, agarraros a mi brazo para caminar más lejos, de la misma forma que yo siempre encontré una sonrisa y unas palabras de aliento en vosotros. Quiero que sepáis que os quiero y que siempre os querré, pero es que además de quereros os admiro, por vuestra valentía, por vuestra fuerza y por vuestra capacidad para hacerme las cosas más fáciles. Fuisteis vosotros quienes abristeis el camino y yo seguí vuestra estrella, seguía las huellas de vuestros pasos porque así me sentía más segura. Y siempre estuvisteis pendientes de que no me perdiera.

Vuestra presencia en mi vida es de las cosas más importantes que me han ocurrido. En todo momento estuvisteis a mi lado, acompañándome y ayudándome.

La distancia nos apartó, pero haría todo lo posible para que volviéramos a encontrarnos, pues al alejarnos, siento que perdí la mitad de mí.

Hoy vuelven a mi memoria tantas ocasiones en las que nos hemos divertido. Río aún estando en soledad, porque sé que no estoy sola, porque os tengo a mi lado aún estando lejos. También recuerdo algunos momentos difíciles en los que lloramos, pero las lágrimas cuando se comparten alivian el dolor de quien sufre.

Valorabais mis cualidades, esas que yo no conocía; fortalezas que creía perdidas, aspectos de mí que con vuestra ayuda se renovaban para mi crecimiento.

Soraya Aracil

¡Recuerdo cuántas situaciones difíciles compartimos y cómo las superamos! Sentiréis que esa fortaleza os da ánimo para seguir adelante. ¡Cuántas veces me habéis dado fuerza para superar los conflictos que surgían!

Ni la distancia ni el tiempo logrará separarnos. Nada hará que os olvide o que sienta que no os necesito. Sois unas personas únicas. ¡Qué difícil el momento de la despedida, el temor de no teneros cerca si os necesito!

Me entristece no saber de vosotros durante mucho tiempo. Me es imposible ocupar ese vacío con otras personas. Hacerme saber cómo estáis, nunca dejéis de comunicaros conmigo. Decirme lo que queráis, pero no me dejéis en silencio.

Curasteis mis tristezas, junto a vosotros todo eran sonrisas, teñíais mi vida de colores alegres, erais mi alegría, os necesito rodeándome con vuestros brazos, hablarme, escucharme, sentirme; si vosotros no estáis a mi lado se me acabó la alegría, son tantos los sentimientos que tengo hacia vosotros, tanto miedo hay dentro de mi corazón…Siempre estáis en mi cabeza, no hay un solo segundo que desaproveche sin pensar en vosotros, sin vuestro amor en mi vida no puedo vivir, cada vez que pienso que el día que os perdí me pregunté: ¿Qué haría yo sin vosotros? ¿Y sin vuestro amor? … Son tantas las preguntas, con una sola respuesta, no soy nadie. Nunca os dejaré de amar, nunca en la vida os podré olvidar y siempre estaré junto a vosotros. Estar con vosotros sería un verdadero sueño para mí.

¡OS QUERIO!

Soraya Aracil Seco, 1ºESO A

MI ABUELA MARIA:

Recuerdo cuando de pequeño iba a casa de mi abuela María y me cogía de los mofletes y me decía: ¡Qué guapo es mi Pascual! No tengo muchos recuerdos de ella porque murió cuando yo tenía tan solo 4 años.

Mi padre me ha contado que tuvo una vida complicada, ya que tuvo que criar a 9 hijos sin las comodidades de las que disfrutamos ahora.

Pascual Chamorro

Tenía 17 nietos y yo era el más pequeño, por eso tenía especial predilección por mí. Me hubiera gustado conocerla mejor, porque según me han contado era muy buena persona y quería mucho a los suyos. Es una pena que no haya podido disfrutar más de su compañía.

Pascual Chamorro Sánchez, 1ºESO B

Esta carta es para ti abuelo. Sé que no pude disfrutar tanto tiempo como me hubiera gustado de estar junto a ti, pero me encantaría que supieras que te quiero, que te echo de menos, que me encanta y me entristece a la vez cada vez que la abuela dice: “Ay si estuviera aquí el abuelo Joaquín, lo que disfrutaría con él”.

Me duele cada vez que veo fotos de mis amigas con sus abuelos, y yo no puedo estar a tu lado…Me encantaría que estuvieras aquí y poder montar en bicicleta juntos, que me enseñaras a tocar la guitarra, que nos fuéramos de excursión…En definitiva, todas esa cosas que tan bien se te daba hacer y que no me pudiste enseñar.

Cuando no puedo dormir, porque he tenido alguna pesadilla, pienso que estas ahí conmigo, porque todavía recuerdo que cuando era pequeña me encantaba irme contigo al circo y si tenía miedo de algún payaso me agarraba a ti y me sentía segura. También me acuerdo de ti cada vez que voy a casa de la abuela y veo vuestras fotos. Pero lo más importante es que te quiero y te añoro y que espero que aunque no sea muy posible puedas leer esta carta algún día.

Lucía Montesinos Medina, 1ºESO A

¡Queridos abuelos de Bañeres! Es una lástima que no nos conociéramos abuelo, me hubiera encantado haberlo hecho, aunque tu hija Mª Angeles me ha contado anécdotas tuyas y así, en cierto modo, es como si te hubiera conocido.

Abuela, a ti sí te conocí, afortunadamente. Sé que en tu vida pasaste momentos angustiosos. Me acuerdo de aquella frase que me decías con cariño: ¡Eres un…Payaaaso! Que siempre estará ahí, en mi corazón. Abuelo, de ti poco puedo decir porque como ya dije antes, no nos conocimos.

Carlos Asensio

Abuela, ahora la tan amada casa donde vivías, no está igual, ya que ahora viven otras personas, pero ¿sabes qué? Que esas personas son tu nieto Jordi y su novia Cristina. ¡Ah! Cuando por desgracia destruyeron la casa para renovarla, el crucifijo que teníais en vuestra habitación seguía colgado. Creo que vosotros estáis en el cielo arropados por Cristo. Ahora vuestra nieta Ana ha tenido un hijo, Álvaro, se llama, y vuestra hija Carmina es abuela. Cuando vamos a la Iglesia, siempre rezamos por vosotros, (y por los demás, claro). Siempre os recordaré, estéis donde estéis. Os quiero.

Carlos Asensio Alal, 1ºESO A

¡Yaya! Así te llamaba yo, aunque sé que no lo eras realmente, para mí siempre lo fuiste. Todavía me acuerdo de ti, aunque me dejaste cuando yo tenía solo cuatro años, pero sigo recordándote, en cada cumpleaños, en cada navidad, que ya no pasas con nosotros. Cada tarde que ya no te veo sentada en el sillón de la abuela… Sé que te enteraste que mi madre estaba embarazada de mi hermano un día antes de que fallecieses. Y si me estás escuchando, quería decirte que Carlos ya tiene ocho años; juega al tenis y es un crack con las mates. A veces me pregunta por ti y no sé muy bien cómo responderle. Ojalá lo hubieras conocido, te hacía tanta ilusión… añoro mucho pasar por delante de tu casa y no poder subir a darte un beso, o pasar un rato contigo.

Sara Martínez

Rezo cada día por ti, y espero que tú también por mí, que me des ánimos para seguir luchando, para seguir este camino y, finalmente, reencontrarme contigo. También quería decirte que aprendí a tocar el piano, y quiero que sepas que todas mis canciones van dedicadas a ti.

Sara Martínez Aracil, 1ºESO A

A mí esta carta me gustaría dedicársela a dos grandes personas que han influido mucho en mi vida; aunque una de ellas no era familiar mío, yo sí lo sentí como parte de ella. A la primera persona a la que voy a nombrar es a Don Antonio. Te doy las gracias por haberme enseñado a ser quien soy ahora, por hacerme ver que la vida pasa muy rápido y que vale la pena disfrutarla, me ayudaste a valorarme y a saber afrontar las dificultades con una sonrisa, y que no se debe llorar por alguien que no lo merece. De verdad te doy las gracias. Sé que aunque no te pueda ver, te siento aquí a mi lado y sé que estarás orgulloso de mí por haber seguido tus pasos.

Laura Pérez

También quiero darle las gracias a mi bisabuela Amparo, de la que pude disfrutar hasta los 5 años, porque aunque fuera pequeña aún me acuerdo de ti, y de tu risa, tu bonita sonrisa, aquella a la que tanto añoro. Recuerdo que cuando hacía algo mal, me decías: “Como te vea, te pillo y…” y yo me reía. Decirte que aquí toda la familia te echa de menos y nos haces falta a todos. Decirte que yo ya soy mayor, ya tengo 12 años. Mi madre tuvo otra hija, se llama María y tiene ya 9 años; también el tete Emilio tuvo otro niño y se llama Germán, tiene 6 años, y aunque no te han podido conocer, Javier y yo les hemos hablado de ti y les hemos enseñado fotos tuyas y se han quedado con las ganas de conocerte, y entonces yo les he dicho que algún día, dentro de mucho tiempo, podrán tener el placer de hacerlo. Y que te queremos todos mucho y que en mi habitación, en una caja, guardo todas nuestras fotos y espero en un futuro poder volver a verte, poder darte un abrazo y un beso y decirte cuánto te quiero y sé que allí donde estés estarás en paz; y sé que te estarán cuidando mucho porque tú te lo mereces por ser tan grande. Gracias por todo abuela. Te quiero mucho.

 Laura Pérez Bernabéu, 1ºESO A

Esta carta va dedicada a una persona, que aunque no conocí, es para mí muy querida: mi abuelo.

Por desgracia, nací mucho tiempo después de que él falleciese. Me hubiese encantado conocer a este familiar, pero por cosas de la vida no fue así. No sé nada de él, pero conozco su rostro y un poco acerca de su vida gracias a mi abuela, mi madre, tías y tío que me hablaron de él. Me contaron que era alto, delgado, de cabello castaño, de ojos verdes, de gran personalidad y en definitiva, una bellísima persona tanto por dentro como por fuera.

Adrián Pradell

La abuela, mi madre, mis tías y mi tío dicen que fue la mejor persona que conocieron y un grandísimo ejemplo para todos. Yo siempre que puedo intento imaginarme su figura porque me gusta pensar en él.

Adrián Pradell Huertas, 1ºESO A

Hola soy Sofía. Escribo esta carta para mi abuela. Ella murió cuando yo tenía 9 años.

Te echo mucho de menos, me acuerdo de como tú me cuidabas desde bien pequeñita, me llevabas a la guardería y jugábamos juntas, tenía 6 años e iba a pasar a primero de primaria. Ese día fue muy triste porque yo no quería separarme de ti, pero no tuve más remedio que acostumbrarme. Me gustaba cuando tú me enseñabas a leer y a escribir, y cuando yo lo hacía bien, tú me dabas besitos en la mejilla.

Sofía Boyko

Ha pasado ya mucho tiempo y no sé si lo sabrás, pero ahora vivo en España. También te quiero decir que tienes a un nietecito que nació después de que tú te fueras. Todos te echamos de menos. Y mi abuelo, tu marido, aun no puede creer que esto pasara. Tus hijas todos los años van al cementerio y te ponen flores, rezan por ti.

Todos te queremos y vamos a quererte siempre. Nunca te olvidaré.

Sofía Boyko, 1ºESO A

A mis abuelos José Antonio y José no los conocí, pero si los hubiera conocido seguro que me habrían cuidado, me habrían enseñado a comportarme bien, a ser amable y a compartir las cosas con los demás y, sobre todo, a ser respetuoso.

Nacho Guerrero

Mi abuelo de Ibi me hubiera llevado al parque, algunos días me habría recogido del colegio, me podría haber contado historias, cuentos y cosas que le habían pasado. Mi abuelo de Onil, como íbamos todos los domingos a casa de mi abuela, también hubiese disfrutado mucho de mí. Me podría haber enseñado su colección de sellos, mostrarme cuáles eran los que más le gustaban, los que más le había costado conseguir. En verano, como voy a la caseta de Onil, me habría enseñado a plantar tomates, patatas y más cosas. Los dos me podrían haber enseñado mucho, pero por desgracia no fue así.

Nacho Guerrero Ferrer, 1ºESO A

Abuelo, aunque no tuve el placer de conocerte, me hubiese gustado haber vivido contigo muchas cosas. Me imagino cómo hubiese sido estar a tu lado, haber ido a la feria contigo, haber jugado…

Cada vez que voy a tu casa me gustaría que tú estuvieses allí, que pudiésemos compartir los momentos más felices de la vida… Cuando tú te fuiste tu hijo tenía 18 casi 19 años. Él seguramente se acuerda mucho de ti, porque cada vez que ve una foto de vosotros juntos se emociona mucho, aunque intente parecer fuerte y valiente.

Aitana Prats

Todas las noches rezo porque estés bien. Toda la familia te recordamos, pero la que más yo.

Besos, Aitana.

Aitana Prats Parra, 1ºESO B

Esta carta está dirigida a mi perrita Duki. Quiero que sepas que estés donde estés siempre te voy a querer.

Yo nací y tú ya estabas en el mundo para cuidarme.

Estuve contigo todo el tiempo, no sé porqué, pero siempre me refugiaba en ti, cuando mis padres me castigaban, cuando estaba mal…  Y tú siempre me sacabas una sonrisa.

Clara Rivas

Cuando me acuerdo de los momentos vividos a tu lado siempre se me saltan las lágrimas. Lo pasé fatal cuando te fuiste, estuve un tiempo muy mal. Y la verdad es que aún no me he hecho a la idea de no poder verte nunca más.

Estés donde estés, sé que me estarás escuchando, en un lugar mejor, desde nuestra estrella.

Clara Rivas Boronat, 1ºESO A

¡Hola Don Antonio! Me gustaría que esta carta fuese dedicada a ti.

La verdad es que desde que te fuiste las cosas han cambiado mucho, las misas no son tan interactivas, ni tan divertidas sin ti. Había gente muy ignorante que decía que eras muy serio, pero yo que te conocí bien, sé que no era así, porque tengo muchos recuerdos agradables contigo; como cuando Bárbara quería tomar la eucaristía y tú se la dabas a escondidas sin bendecir, y después acababa en el bolso de mi madre rota en mil trozos. También cuando siempre que íbamos a verte a la Casa Abadía, me dabas caramelos de miel que, aunque no eran mis preferidos, yo me los comía.

En los ensayos, antes de cada comunión, Bárbara se sentaba en tu rodilla. Una de los cosas que más me gustaron de ti, era que no tenías miedo a la muerte, porque te daba igual. Cuando era chiquitín te pregunté qué pasaba cuando te morías y me lo explicaste y desde entonces no le tengo miedo.

La primera vez que hice el cabo de escuadra tú estabas, como todos los años, delante de la Casa Abadía aplaudiendo, y después me dijiste que era la mejor persona que habías visto hacer el cabo.

Javi Latorre

La última misa que diste fue el día antes de tu muerte, duró menos de una hora, exactamente quince minutos menos, y yo ya me olía algo y le pregunté a mi madre que qué le pasaba a Don Antonio y me dijo que estabas malito.

Esa noche te fuiste al cielo. Cuando me enteré, no daba crédito, la persona más fuerte del mundo y valiente se había ido.

Al día siguiente fui a la Iglesia, y estaba repleta de gente que te quería y te conocía, pero no lloré porque te vi tranquilo, relajado, sereno como me explicaste que se queda la gente.

Siempre que entro al patronato y veo tu foto pienso que eras el mejor, tú sí que eras un superhéroe.

Eres el mejor y me gustaría que me esperases ahí arriba, en el lugar donde tú me dijiste que nadie se enfada.

Javier Latorre Martí, 1ºESO A

Querido abuelo.

Aunque casi no te conocí, me han hablado mucho de ti, de tus expresiones, tus gestos, tu forma de ser y tu trabajo. Cuando te fuiste, yo sólo tenía dos años, y por desgracia no tengo recuerdos de esa época. Tu muerte fue un golpe muy duro, te echamos mucho de menos.

Ninguno de nosotros es capaz de recordar tu voz, así que decidimos que buscaríamos videos de algún bautizo o comunión donde pudiéramos oírte. Yo no sé si lo sabrás, pero decirte que además de mí tienes dos nietas más muy guapas, aunque un poco trastos: Clara y Laura, mis hermanas. Pero también tengo una mala noticia, cuando tú falleciste, meses más tarde falleció nuestro perro Charly, a lo mejor está contigo. La cuestión es que intentamos tener otro, pero no nos podíamos hacer cargo de él. Yo estoy obsesionada con tener un perro, pero mamá no me deja y yo siempre le repito: ¡Ay mamá si el abuelo Juan estuviera vivo sí que tendríamos un perro!

Ahora Villalobos está un poco vacío porque ya no estás ni tú, ni Joaquín, ni Ricardo y se han ido perdiendo tradiciones de toda la vida. Abuelo te prometo que tu recuerdo seguirá siempre vivo en mi familia. Y aunque no te conocí mucho y te perdiste muchos sucesos importantes en mi vida, siempre llevaré tu imagen en mi memoria y siempre estarás en mi corazón, y que sepas que te quiero y que te echo mucho de menos, pero sé que ahora estás en un lugar mejor donde no se sufre, en el cielo con Dios.

Un beso de tu querida nieta Lucía.

Lucía Valls Hernández, 1ºESO B

Mi abuela falleció el 19 de Febrero. Ese día fue muy triste, al igual que los siguientes. Ella fue una persona muy alegre, guapa, buena y trabajadora. Nunca perdió su preciosa sonrisa, hasta en los momentos más difíciles, siempre que llegábamos a su casa nos recibía con una gran sonrisa. Siempre fue una persona muy activa, constante ante cualquier actividad como: coser, tocar el piano…

Yo aprendí muchas cosas de ella, por ejemplo, a ser buena persona, a comportarme bien, a hacer manualidades, a dibujar etc… Era una persona que me ayudaba en lo que hiciese falta, me apoyaba incondicionalmente… Pero, desafortunadamente, siempre llega ese día en el que nos tenemos que despedir de todas las personas a las que queremos, y ese día no lo podemos impedir, aunque no estemos preparados para eso. Me gusta creer que ella no se ha ido del todo y que desde el cielo nos está ayudando. Espero que donde esté, esté bien y sin sufrimiento. Y que desde allí nos guie por buen camino.

 Inés Mira Pérez, 1ºESO B

Esta carta se la escribo a mi gran abuelo Ángel Rico Marti, que era el padre de mi padre y falleció el 6 de mayo de 2013. Mi abuelo era una gran persona, muy generosa, muy simpática… Él siempre quería ver a la gente alegre, sobre todo a su familia. A mis hermanos y a mí nos encantaba jugar con él, porque nos hacía reír. A su lado pasamos momentos inolvidables porque cada segundo que pasabas a su lado era como si te regalaran el mundo, porque te lo pasabas genial.

Pablo Rico

Abuelo, te echo de menos, echo de menos esos momentos que pasabas junto a mí, esas risas… porque contigo me lo he pasado más que bien, aun me acuerdo cuando iba todos los domingos a visitarte y estabas sentado en la silla de ruedas, me dirigía de inmediato hacia ti, era el primero siempre en hacerlo, y me dabas un beso y cinco euros a escondidas para que nadie se enterase… En fin, los momentos que he pasado a tu lado son irrepetibles, éramos como el imán y el metal, estábamos siempre juntos.

Bueno decirte que te echo muchísimo de menos y te mando muchos besos y abrazos. Sé que ahí estás mejor, estás en paz porque eras una gran persona.

Mil besazos de mis hermanos Jorge, Sandra y yo.

Te quiero más que a nadie. Todas las noches pienso en ti y me emociono mucho, pienso que me das un beso y un abrazo.

TE QUIERO MUCHO YAYO

Pablo Rico Berbegal, 1ºESO A

Me dijeron que tenía que escribir una carta y sin pensarlo dos veces supe que quería dedicártela a ti, a mi bisabuelo Agustín. Tú fuiste al único bisabuelo que tuve oportunidad de conocer, y de hecho compartí muchas cosas contigo. Aunque cuando te conocí era pequeña y por ello, no me acuerdo mucho de todo, siempre te he llevado en mi corazón.

Ainara Bautista

Toda la familia te echa mucho de menos, mi abuela (tu hija), cada día me enseña más cosas sobre ti. Recuerdo que te sentabas siempre en la misma esquina del sofá, y yo me sentaba a tu lado para que me contaras una historia. El peor día llegó cuando apenas tenía 6 o 7 años, mis padres me dijeron que estabas muy malito y estabas en el hospital, desde aquel día yo quería ir a verte para saber cómo estabas. Entonces un día mi abuela avisó a mi padre de que estabas a punto de morir, mi padre me dijo que me esperara fuera, pero yo quise entrar y al final entramos todos, vi que estabas cubierto de cables, ahora sé lo que es, pero de pequeña no lo sabía. Parecía que me decías adiós, yo te miraba y no quería pensar lo que te podía pasar cada vez que cerrabas los ojos; mi madre me sacó de la habitación. Fue la última vez que te vi. Pocos días después falleciste.

Gracias por haberme dado la oportunidad de conocerte, siempre fuiste como mi abuelo, y me siento orgullosa de haber pasado momentos junto a ti. Un beso muy grande, de Ainara.

                                                                                                    Ainara Bautista Bayona, 1ºESO A 

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