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Cartas al cielo

Todos los días son buenos para decirles a las personas que queremos lo que sentimos por ellas, porque estén donde estén, el recuerdo de lo que fueron siempre vivirá en nosotros. Y si tenemos la inconmensurable suerte de seguir sumando momentos a su lado, no hay que desperdiciar la oportunidad de decirles lo importantes que son en nuestra vida.

A todos y todas ellas, nuestro más sentido homenaje.

Querido papá:

Escribirte esta carta me traslada a mis primeros días en Madrid, cuando lo único que me robaba un pedacito de esa fría soledad era leer una de tus cartas. Recuerdo llegar a casa y abrir nerviosa el buzón para encontrarme con ella, tu caligrafía curva, tus palabras llenas de poesía y tu voz leyéndolas al ritmo que mis lágrimas empapaban el papel. Aún hoy las conservo todas, con sus renglones borrosos y su textura arrugada por el tacto de mi piel, pero con la misma esencia, con la misma luz. Ni te imaginas las veces que mis dedos han acariciado los bordes de cada una de tus frases, mientras mi mente vagaba libre por el tiempo compartido. Siempre he procurado encontrarte de nuevo a mi lado al repasar con detalle lo que entonces me decías, y no puedo evitar preguntarme qué me dirías ahora, aunque en el fondo lo sé. Te conozco tanto que si cierro los ojos sé que puedo escucharte…

Me gustaría poder contarte tantas cosas en esta carta, pero estoy tan segura de que estás conmigo, que sobran los pormenores…Aunque añoro tu forma de reír, nunca he conocido a nadie con una sonrisa tan franca, tan natural y tan contagiosa, daba igual el motivo, el caso es que, si tú reías, todos terminábamos haciéndolo sin poder parar. Me falta tu sentido del humor, tan genuino, tan tuyo, tan espontáneo, a veces siento que mi risa está falta de ti, como mi yo, que se quedó huérfano de una mitad que se fue contigo para siempre…

Te echo de menos, no sé si el tiempo ha magnificado la ausencia o si conforme me hago mayor te necesito más. No me acostumbro a que los días pasen sin ti, ni a volver a los sitios que descubrí contigo, porque ilusamente te sigo buscando en el banco en el que me esperabas cuando salía de las prácticas para regresar a casa enfrascados en una conversación que sólo nosotros entendíamos. No me acostumbro a no sentir tu brazo por detrás de mi espalda mientras veíamos una serie, a no comer la pizza que hacías los domingos…Ni soy capaz de escuchar las canciones que me hiciste amar, pues cada nota me devuelve al instante en que mis pasos se posaban tranquilos sobre tus zapatones (como yo los llamaba entonces), y, sencillamente, me dejaba llevar.

Teníamos sueños, teníamos planes, y sé que intentaré hacerlos realidad por ti, pero ya no brillan, ni laten como cuando los concebimos, porque tú eras el motor de muchas de esas ilusiones, y contigo se fue su esperanza.

Te quiero tanto papá, quizá no te lo dije todas las veces que merecías escucharlo…Nos faltaron segundos, pero los que tuvimos me ayudan a seguir hoy mirando hacia delante. Y quién sabe, tal vez algún día, retomemos lo que dejamos a mitad, y pueda darte ese abrazo que guardo con impaciencia en mi corazón.

Te quiero hoy, mañana. Por siempre, todavía.

Aida Pastor

Carta a mi abuelo Pedro:

Hola abuelo, me gustaría que, desde dondequiera que estés, estuvieras leyendo esto. Sé que no te llegué a conocer, pero me han hablado muy bien de ti, y de cómo cuando yo nací, me cogiste en brazos con la poca fuerza vital que te quedaba, y pocas semanas después de eso, falleciste y no pude llegar a conocerte y apreciarte como seguro que lo merecías. Me encantaría escribir esta carta emocionándome y añorándote, pero como ya he dicho no llegué a presenciar tu carácter y tu forma de ser.

Siempre que he preguntado cosas sobre ti he recibido una respuesta positiva y he escuchado cosas admirables por tu parte, como ayudabas a tus hijos y a tu familia en general. Según me cuenta mi padre, dabais largos paseos por el campo, le enseñabas a diferenciar gran variedad de plantas, a buscar los famosos caracoles de sierra, pero sobre todo a amar la naturaleza. Todo esto me hace pensar que también a mi me hubiera gustado dar algún paseo  y tener largas conversaciones contigo, y estoy convencido de que muchas cosas habría aprendido de ti. Me cuenta mi abuela, tu mujer, que han sido muchos años los que estuvo junto a ti, y que nadie que ella haya conocido ha sido mejor persona que tú. Te puedo decir que desde que nos dejaste, no ha dejado de pensar en ti. ¿Sabes? Incluso uno de tus vecinos, que seguramente sería uno de tus mejores amigos, muchas veces me menciona los buenos momentos que pasasteis juntos. Bueno, en realidad, creo que todo tu pueblo, Tibi, te considera hoy todavía una gran persona, lo cual me hace sentir realmente orgulloso. Y también, escribir esta carta me hace reflexionar sobre cómo hubieran sido las cosas si ahora mismo siguieras con nosotros, todas aquellas conversaciones y paseos serían una realidad, te apreciaría y te querría como toda la gente que me ha hablado de ti, y muchas veces me pregunto lo que sentiste al saber que nací y que posiblemente no pasarías todo el tiempo que te hubiera gustado conmigo. Y, si lees o sientes esto de alguna manera, me gustaría saber, ¿sientes la misma sensación que yo?, ¿también te gustaría estar conmigo y conocerme?

Nacho Sola

A mi abuela:

Supongo que nadie en el mundo olvida la pérdida de algún ser querido. Yo no conocí a mi abuela por parte de madre. Tenía 3 años cuando le diagnosticaron una enfermedad. Nunca se me olvidará el momento en el que vi volver a mi madre del hospital y ver cómo lloraba día tras día sin entender el porqué. Ella me decía que mi abuela se había ido de vacaciones a un sitio súper especial y que tardaría unos cuantos años en volver. Cuando cumplí los 5 años, seguía preguntándome cuándo volvería y qué recuerdo me iba a traer de allí. Mis padres me cuentan que a los pocos meses de fallecer, en las comidas familiares, solía ponerme la peluca de mi abuela y preguntar a mis tíos “¿A que no sabéis quién soy?”.

Recuerdo sus caras, mirándome con una expresión alegre y a la vez triste. Siempre que hablamos de ella, mi madre me cuenta que le encantaba cuidarme por las tardes mientras mis padres trabajaban, que siempre me compraba un detalle fuera donde fuera y que le encantaba abrazarme.

Solíamos celebrar parte de la noche de “Los Reyes Magos” en casa de mis abuelos. Era mi lugar favorito para recibir los regalos, porque aunque fuera muy pequeña, me sentía más a gusto con la mayor parte de mi familia alrededor. Desde que mi abuela falleció, no hemos vuelto a celebrarlo allí, ni ninguna de las cosas que solíamos hacer.

La echo muchísimo de menos a ella y a los momentos a su lado. Ojalá hubiera podido llegar a conocerla mejor y haber podido disfrutar un poco más de su compañía. Pero en la vida no podemos elegir cuándo debe irse algún ser querido. Y espero estar preparada para cuando vuelva a pasar, ya que esta vez sabré que no se han ido de vacaciones.

Aitana Tortosa

Estás en mi corazón y siempre lo estarás:

Esta redacción se la voy a dedicar a mi abuela Elvira, ya que es una de las personas más importantes de mi vida y siempre lo será, que esté aquí o en el cielo, pero siempre en mi corazón.

Mi abuela es una persona súper simpática, valiente, siempre se ofrece a intentar ayudar a los demás y se deja la piel intentando hacer las cosas lo mejor que sabe o lo mejor que puede. Le gusta sacarle una sonrisa a las personas, no le gusta que la gente se preocupe mucho de las cosas si no son extremadamente importantes. Ella dice  que siempre habrá una solución más fácil o más difícil y que hay que intentarlo cueste lo que cueste. Siempre que le haces falta está ahí.

Me ha enseñado muchas cosas como que valoremos todo lo que tenemos y que no pidamos más cosas, ya que con lo que tenemos, nos sobra para vivir, y no tenemos que estar enfadados por eso. Nos tenemos que acostumbrar a que las cosas en la vida no nos las regalan, ni nos las dan, nos las tenemos que ganar y conseguir, ya que hay gente que está en situaciones peores que las nuestra, pero siempre tienen una sonrisa de oreja a oreja, pase lo que pase tenemos que agradecer nuestra vida y a las personas que más queremos y no las cosas materiales.

Siempre está feliz, me ha dicho que siempre tenemos que estar contentos y no quedarnos estancados cuando las cosas no salen como nosotros queremos, sino que hay que dar un paso adelante y seguir intentándolo una y otra vez hasta que al final salgan. También que no hay que ir aparentando lo que tenemos o dejamos de tener, porque a nadie le importa.

Ha pasado por muchas etapas fáciles, pero también difíciles: cuando su hermana murió por una operación de corazón, cuando mi madre estaba embarazada de mí y le detectaron cáncer, pero lo afrontó lo mejor que pudo.

Para finalizar, me encanta pasar tiempo con ella, salir del colegio y comer con mis abuelos y contarle mis cosas, me gusta ayudarla los sábados cuando va a comprar al mercado, y a ella lo que más le gusta es estar con su familia.

María Guillem

Querida abuela,

Hace mucho tiempo que o hablaba contigo, y quería aprovechar este día especial para recordarte una cosa. Hoy es mi primer año sin verte, y siento que he perdido una razón para sonreír. Tus últimos días aquí fueron los más duros para mí, puse todas mis esperanzas en la quimioterapia, pero no resultó. No llegué a decir mi último adiós, sólo me quedó ver tu dulce cara con los ojos cerrados, si aliento alguno. Parecía que por fin estuvieses sin sentir dolor. Al principio me alegré de que se te hubiera acabado el sufrimiento, pero luego me di cuenta de que el sufrimiento, lo tenía ahora yo en mi corazón al no tenerte a mi lado. Te extraño. Y aunque no estés aquí te voy a querer para siempre.

                                               Con cariño, tu nieta, Ainara.

Ainara Cugat

 A mi abuelo:

Recibir esa llamada fue una de las cosas más horribles que ha podido pasarme, ver cómo las lágrimas de mi madre corrían sobre sus mejillas y expresar dolor en una sola mirada. Ver cómo su corazón se rompía en mil pedazos al momento…

Decir que tu abuelo, ya no estaba aquí era complicado de razonar. Saber que cada vez que entraríamos a tu casa ya no estarías detrás de la puerta para asustarnos y cogernos en brazos mientras reíamos.

Ahora veo tus vídeos, fotos, escucho tus cintas y hasta tus canciones favoritas y solo puedo decir que echo de menos, echo de menos tu sonrisa, tu voz, tus expresiones y tus chistes.

Saber que no vas a volver, aunque todos lo deseamos, es difícil, pero espero, aunque sea solo una vez, volver a sentir tus brazos abrazándome.

Sofía Ferrero

Carta a mi abuela:

Abuela, por ser la persona más fuerte y más bonita de mi vida, por darme cariño con solo verte y ver como luchas hasta el final.

Quiero ser como tú, quiero tener esa sonrisa de oreja a oreja aunque se me ponga lo más grande delante, como lo haces tú. Y quiero llegar a ser una maravillosa persona como tú lo eres. Por estar desde el minuto uno conmigo y nunca irte. Abuela, gracias por compartir tanto y hacerme sentir la persona más afortunada del mundo por tenerte en mi vida. Ojalá esa enfermedad tan grave no te hubiera tocado a ti.

Te quiero y te querré siempre, nunca lo olvides. Y que sepas que siempre voy a estar ahí para todo lo que necesitas.

Por estar y nunca irte, por quererme como nadie y ser tú, gracias abuela.

También gracias a ti tengo al mejor padre del mundo, porque tú has hecho que sea como tú, con esa sonrisa tan bonita y con ese carácter que demuestra que le importa a la gente.

Todos pensamos lo fuerte que eres, pero mi padre lo demuestra con esas lágrimas que se le ponen en esos ojos acordándose de cómo eras antes.

Silvia Albert

Mi madre, mi persona más especial:

Aún no sé cómo empezar esta carta, hay tantas cosas que te quiero decir que no sé si podré resumirlas.

Para empezar, darte las gracias porque una madre es esa persona que pase lo que pase siempre va a estar ahí para apoyarte, para aconsejarte y para protegerte.

Sé que hay veces que no te contesto como debería y que luego me arrepiento, pero a pesar de eso tú sigues ahí dándome tus consejos e intentado hacerme entrar en razón.

Aunque hayan días que te sientas vencida, tú sacas fuerzas de donde no las hay para seguir cuidando de tu familia, para ayudar a los tuyos y para hacer todo lo posible para que no nos falte de nada.

Has sido mi fuente de desahogo durante mucho tiempo, hemos compartido tanto las alegrías como las tristezas, aparte de eso has sido mi mayor consejera, nunca voy a olvidar todos los consejos que me diste, que me sigues dando y que estoy segura de que me seguirás dando.

Tu fuerza y tu valentía te sirven para seguir cuidándonos día a día a la vez que nos das grandes lecciones de vida.

Eres una mujer que ha pasado muchas cosas y has sido muy fuerte y eso es lo que intentas enseñarnos día a día.

Te puedo asegurar que todas las personas de tu entorno estamos muy orgullosas de ti, nunca cambies.

Te quiero.

Alba García

A ti, abuelo

Sé que todos o la mayoría de vosotros habréis escrito a alguien que, por desgracia, ya se ha ido, yo por suerte no tenía a quien hacérsela, así que se la he hecho a una persona muy importante para mí.

Mi abuelo es como un ejemplo para mí, aunque viva, por desgracia ha estado demasiadas veces a punto de dejarnos. Lo considero una de las personas más fuertes del mundo porque después de pasar por varias operaciones, entre otras de corazón, nunca se ha rendido. Siempre me recibe con una sonrisa de oreja a oreja y dispuesto a hacerme reír.

Desde pequeña hemos estado conectados por un vínculo especial y me gustaría seguir teniéndolo hasta el día de su marcha.        

             Paula Llinares

Querida prima:

Te fuiste sin despedirte, en un abrir y cerrar de ojos, sin que nadie lo esperara.

Tenías toda una vida por delante, amigos que te querían y una familia dispuesta a darlo todo por ti.

Te fuiste de nuestras vidas con tan solo dieciocho años, recuerdo esos momentos en los que no me separaba de ti porque tú lo eras todo para mí.

Un accidente tonto con el coche marcó nuestras vidas de una forma que nunca habíamos esperado.

Miriam, allá donde estés quiero que sepas que te quiero muchísimo y que la muerte se llevó todo lo que no fue, pero nosotras nos quedamos con lo que tuvimos.

Gracias por todos esos momentos que tuvimos que no nos los quita nadie, por ser tú y no otra, por quererme de la forma en que me querías, por ti, por mí, por nosotras.

Recordar es el mejor modo de olvidar.

Te echo de menos…

Lúa Mirón

A mis abuelos:

Hola soy yo, Hanna, espero que te encuentres bien Mami Pau. Te echo de menos, igual al Papi Robert.

Echo de menos que me prepares el desayuno por la mañana, que me deis dinero para comprarme un helado, que cosas vestidos con colores llamativos y monos; echo de menos al Papi Robert y su música tan marchosa y siempre verlo trabajar, contagiándome de su energía.

Echo de menos vuestros abrazos, vuestros besitos, cuando me llamábais bicho…Simplemente echo de menos todo de vosotros.

Para mis abuelos de parte de padre:

Hola Abu ¿cómo estás? Espero se encuentre bien y mi abuelito también. Espero que los primos se estén comportando, ojalá verlos pronto los estoy extrañando mucho.

Te echo muchísimo de menos, estoy esperando ansiosa para poder ir a visitarte otra vez y darte besitos y abrazitos, también estoy emocionada por ver cuánto habrá crecido tu pelo blanco que tanto te cuidas y quiero que me prepares tu comida, ir a la iglesia o simplemente pasar tiempo juntas.

Siento mucho que tu única nieta esté tan lejos de ti.

Dirigida a mis abuelos de parte de madre:

Mis abuelos no han fallecido los cuatro viven en Ecuador, quizás la mayoría de vosotros los tengáis cerca o quizás no, quizás hasta vivan en el mismo edificio que vosotros pero están al otro lado del Océano a un vuelo de doce horas. No me quiero comparar con vosotros, pero es doloroso haber visto a mis abuelos tan poco. Para una de mis abuelas soy la única nieta mujer y para mis otros abuelos que no fui criada a su lado.

Me arrepiento mucho de no llamarlos todos los días porque no van a estar para siempre, pero al mismo tiempo orgullosa de haber aprovechado cada minuto que tuve con ellos cuando viaje allí.

Lo único que de verdad espero es que sepan que los amo.

Hanna Talledo

¡Hola abuelo!

Te escribo esta carta para informarte un poco de lo que ha pasado estos últimos años. Para empezar, ¡tengo un hermano! Se llama Dani y es encantador, bueno, a veces. Es idéntico a mamá, que supongo que te acordarás de ella. Le da mucha lástima no haberte conocido, pero no te preocupes porque la abuela le habla mucho de ti. Te echamos muchísimo de menos, nos hace mucha falta aquella persona que siempre era feliz, que pasara lo que pasara siempre tenía palabras para animarte, aquella persona que nos mimaba demasiado, faltas tú, abuelo.

Respecto a los primos están muy bien, la última vez que nos vimos me acuerdo que la abuela nos enseñó fotos en el ordenador, en las que salían toda la familia. Tu despacho sigue igual que lo dejaste, de vez en cuando entran el primo y Dani a hacer trastadas, pero la abuela siempre lo ordena bien. Cada vez que veo el gran cuadro arriba del ordenador me acuerdo de ti, y si lo miras fijamente sonríes, abuelo. Todavía sigue ahí la colección de mecheros que nos dejaste, pero la mayoría no funcionan.

Abuelo, seguiría hablándote y escribiendo horas y horas, tengo tanto que contarte, pero sintiéndolo mucho, me tengo que ir, pero antes quisiera decirte una cosa que, desgraciadamente, nunca te pude decir: te quiero abuelo. Nunca te olvidaré.

Lucía Mira

Enrique y Brujo

Esta carta va dirigida a mi abuelo Enrique y a mi perro Brujo.

Abuelo, ¿sabes qué? Si pudiera verte otra vez te diría: “te echo mucho de menos. Me gustaría que volvieras aquí. Lo siento muchísimo, porque te fuiste hace unos años y nunca te pude decir perdón por las peleas que siempre tenía contigo. Y ahora pienso en ello y me arrepiento. Me gustaría que estuvieras aquí.”

Brujo, tengo que decirte que te quiero un montón. Aunque no me entiendas, sabes que has sido como un hermano para mí. Cuando estaba triste tú eras quien venía a lamerme las lágrimas, siempre venías a traerme el balón cuando querías jugar. ¡Nunca te olvidaré!

Eva Berbegal

Querido abuelo Pepe:

Te escribo porque quiero que me recuerdes…

Todos los días me acuerdo de ti. Mi madre me cuenta fascinantes historias y divertidas anécdotas de cuando tu eras joven graciosas e increíbles.

También quiero decirte que voy a seguir esa tradición de heladero que lleva nuestra familia haciendo desde que tú eras pequeño. La abuela Carmen, tu mujer, está muy bien se cuida mucho y cada vez que vamos a su casa a comer o a dormir, nos cuenta algo sobre ti. Ella sigue yendo a la iglesia y rezando por ti y por toda la familia.

Tus hijas están de lujo, bueno a Cristina no la veo mucho ya que vive en Elche.

¿Te acuerdas de mi hermano verdad? Ya tiene diez añitos y ya ha tomado la comunión.

Mis padres son muy felices juntos y están  muy orgullosos de nosotros. Se ganan la vida con su trabajo y pasan tiempo con nosotros.Tenemos una vida que deberíamos cuidar más que nada en el mundo porque como tu nos enseñaste, la vida son menos de dos días.

¿Te acuerdas e mí? Seguro que sí…

Ojalá pudieras habernos visto crecer a todos tus nietos porque son todos una maravilla. No quiero saber que es lo que se siente al no poder ver nada, tiene que ser una depresión muy grande que tu supiste superar y estamos todos seguros de que supiste y pudiste ver con el corazón…

Te recordaré siempre abuelito.

Jordi Serrano

Querido abuelo:

Espero que desde donde estés te acuerdes al menos de la mitad de lo que me acuerdo yo de ti todos los días.

Te fuiste demasiado pronto de nuestro lado y no pudimos disfrutar lo suficiente de ti.

Era muy pequeña, aunque ninguno de tus rasgos se me ha olvidado. Tus manos gigantes y llenas de callos, tu forma de hablar, tu cara, tu mirada…

Son tantas cosas las que me he perdido de ti que me faltaría papel para poder escribirlas todas al igual que si escribo todo lo que te quiero.

Espero que cundo me veas estés muy orgulloso de lo que hago, lo que soy y como me comporto.

No se que decirte ya que no tengo palabras para expresar lo que siento cuando hablo de ti y creo que todos los que perdemos a alguien importante lo pasamos mal.

Hace diez años nos dejaste en cuerpo pero sé que todavía estás en cada uno de nosotros, en nuestros corazones.

Sabes que no soy de llorar pero tú siempre lo consigues y no se cómo.

Espero no olvidarte nunca porque eres una de las personas más buenas, valientes, cariñosas y fuertes que he conocido y nunca quiero que nada sobre ti se me olvide por poco que sea.

Contigo todo era divertido, aunque tu cara no era de demasiada diversión y todos te querían, incluso tus alumnos a los que les dabas un poco de miedo.

Siempre has sido una persona esencial en mi vida que me ayuda a saber que hacer o que camino elegir y siempre lo serás.

Te quiero muchísimo, no lo olvides nunca.

Muchos muchos muchos besos.

Lucía Túnez

¡Hola abuelo!

Soy Ainara, sé que no me conociste pero quiero que sepas que te quiero muchísimo y pienso en ti todos los días. Siempre me han dicho que te fuiste con las ganas de conocerme, eso es una cosa que me duele porque hubiera querido jugar contigo cuando era pequeña, ir al parque… Bueno, lo típico de abuelo-nieta. Mi madre siempre me dice que eras una persona especial, no sólo para ella y sus hermanos, sino para toda la gente que te conocía, intentabas ayudar cuando tú estabas peor que ellos; siempre decías que estabas súper bien, aunque todos sabían que era mentira.

También me han contado todo lo que sufriste hasta que te casaste con la abuela, que desde muy pequeño tuviste que sacar a tu familia adelante, que te pusiste a trabajar de muy pequeño y que cuando estabas enfermo y murió la abuela tú estabas fatal, pero siempre delante de tus hijos y nietos sacabas fuerzas y les regalabas tu mejor sonrisa. Mi madre siempre me dice que eras la persona más fuerte que conocía y que yo he sacado tu fuerza y eso me encanta, me encanta tener algo de ti.

Abuelo, te echo muchísimo de menos, ojalá estuvieras aquí para apoyarme en persona, aunque sé que me estas apoyando, porque ahora soy más fuerte que nunca y eso es gracias a ti. Seguro que de alguna forma u otra sabes lo que estoy escribiendo ahora mismo.

Una última cosa, no me cansaré de decirte que te echo de menos y te quiero.

Ainara Redondo

Carta a mi abuelo

Hola abuelo, hoy he querido escribirte esta carta para contarte todo lo que ha pasado desde que no estás….

Pero es mejor que nos remontemos al 2004, un año feliz y al mismo tiempo agridulce para todos nuestros seres queridos. El día 11 de julio de 2004 nací yo, y por lo que me cuentan, venías todos los días a verme, desgraciadamente a los 18 días nos dijiste adiós, pero no uno de esos que sabes que volverán, sino uno con el corazón y para siempre. Aún no me puedo creer que te fueras así, de repente, como una hoja movida por el viento. No te voy a mentir, cumplir años para mí es difícil, pues y saber que a las dos semanas se cumplirá el aniversario de tu perdida…

Hay días que pienso qué diferente hubiera sido mi vida o más bien dicho la nuestra, si algo de esto no hubiera pasado. Dejaste un vacío enorme en cada uno de los corazones que de tu amor llenabas (tu mujer, tus hijas, tus hermanos y hermanas.…) y en el mío que, aunque yo no te conocía ya te echaba y te he echado de menos.

No han sido unos años fáciles; he visto lágrimas a escondidas y risas sin ánimo para que no me afectara, hay una cosa que siempre estará conmigo, un día la abuela me dijo «Me hiciste sacar sonrisas cuando lo único que quería era llorar, fuiste mi calma en medio de una gran tormenta».

Sé que hay algo, no sé el qué, pero hay algo que me dice que desde donde estés me estás guiando, me estás dando fuerza y valentía para afrontar nuevos retos y que eres mi ángel guardián. Pero ahora no sólo el mío, sino también el de tus otras dos nietas, Lucía y Clara…

Hace apenas unos meses volé hacía lo que sería una de mis grandes aventuras, un destino y un reto nuevo de afrontar, volé hacia Londres y la verdad es que llevaba una foto tuya que cogí la mañana de antes para ir hacia el aeropuerto porque si algo necesitaba era llevarte para que me guiaras y no dejaras que nada malo me pasara.

Es tanto tiempo escuchando tu nombre y tus cualidades que ya quiero e intento parecerme un poco más a ti. Si hay algo que en estos 14 años me he dado cuenta es lo que nos une y nos unirá para siempre “LAS FIESTAS”, tú un “festeret”. Me has dado el privilegio de amar esta tradición al igual que tú, de poder vivirla a lo grande, porque siempre digo que a mí me encantan, pero pensar que es algo que nos va a unir para siempre hace que me gusten más. Este año lo he podido vivir de verdad, me he podido dar cuenta de lo que significa ser un buen festero/a, cuando vi acercarse el día, cuando me vi girando la curva del ayuntamiento no pude evitar emocionarme al saber que en el balcón nada más girar me estaría mirando toda la familia. “Vívelo, siéntelo, haz que esté orgullosa de ti, haz de ese momento uno para los dos” fue lo que pude ver en sus ojos empapados de lágrimas de felicidad y ya para acabar hay algo que siempre digo: “CUANDO SEA ABANDERADA, EL TRAJE DE MI ABUELO IRÁ EN MI CARROZA”.

Ahora te toca a ti seguir con lo que llevas haciendo más de 14 años, guíanos, ayúdanos, protégenos y continúa regalándonos tu amor; porque aquí abajo siempre te amaremos.

TE QUIERO,

Paula Miró

Yo quería dedicar esta carta a mi abuelo Alejandro que murió hace cuatro años.

Abuelo, quiero decirte que no nos hemos olvidado de ti. Que me acuerdo cuando iba a visitarte para ver el Athletic contra el Madrid y me dabas caramelos de miel, o cuando fuimos al Bernabéu a ver el partido, que, aunque no me gustó mucho ir a ver el estadio de tu equipo, me gustó porque a ti te hizo feliz. Pero lo mejor de todo eran las cenas en familia o aquella anécdota de las salchichas que lanzaste de punta a punta de la mesa. Sobre todo, te recordamos como el mejor “fester” de toda la familia. Cuando te dieron el premio a cincuenta años dedicados a salir a fiestas o a fester de honor, o cuando saliste por segunda vez de capitán, también cundo decías que ya no saldrías y al año siguiente seguías ahí. Pero un día pasó lo que nadie quería. Por primera vez en tu vida entraste en un hospital por una enfermedad y ya no te levantaste de la cama.

Gracias por todo. Allí donde estés tendrás tu traje de guerrero, porque te fuiste con él puesto…

Paco Marín

Querido recuerdo:

Hoy me pongo a recordar, a buscar pequeños cajones escondidos en mi memoria, me propongo no llorar, pero la primera lágrima no tardará en rozar mi mejilla después de remover tanta alegría y dolor al mismo tiempo.

Uno de mis más bonitos recuerdos es volver a esas tardes, cuando yo iba a tú casa, recorría ese largo pasillo hasta llegar a tú habitación y despertarte con un gran abrazo. Recuerdo todas las veces que te dije que me ayudaras a hacer un ejercicio de matemáticas que yo no sabia hacer, o pedirte q me dibujaras lo que quisieras, que lo único que quería era un recuerdo tuyo.

Tu imagen la tengo grabada a fuego, aunque no vea ninguna de tus fotos, pero tu voz, se va desvaneciendo poco a poco sin poder hacer nada.

Ojalá hubieras estado en los momentos de alegría, mi comunión, la de mi hermana; cuando uno de tus pequeños sueños se hizo realidad, el de ver a alguno de tus hijos liderar la comparsa en la cual tú siempre habías salido, el de ver a tus nietas acabar sus carreras o, simplemente vernos crecer a tus 6 nietos.

Menos mal que no estuviste en los malos momentos, esos que ojalá no hubiesen pasado, no quisiera haberte visto sufrir. Una de las cosas que más me duele es ver cómo tu mujer llega a casa y, por costumbre grita tu nombre, es al no oír tu respuesta cuando se le rompe a ella. Es entonces cuando vuelvo la cabeza y recuerdo que nos dejaste. Te fuiste apagando poco a poco unos días antes de tus bodas de oro y así, poco después, te dormiste para siempre.

Te pido por favor que nos ayudes a seguir todo este camino de piedras, porque sé que necesitamos oír alguna de tus palabras o sentir uno de tus abrazos.

Mientras tanto, yo siempre seguiré viéndote en algunos recuerdos escondidos, esos queridos recuerdos, mejor dicho: mi querido recuerdo llamado tú. Siempre serás mi rey.

Irene Pozo

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Cartas al cielo

«Te espero cuando miremos al cielo de noche:
tu allá, yo aquí, añorando aquellos días
en los que un beso marcó la despedida (…)»

Mario Benedetti

Cartas al cielo

Querido papá:

Cuánto me hubiera gustado poder detener el tiempo en aquel último abrazo, en un intento por retenerte a mi lado para siempre…Pero no me escuchó, no oyó ni una sola de mis infinitas plegarias, y siguió su curso, llevándose consigo parte de la que fui y dejándome a solas con un sentimiento con el que no me sería nada fácil lidiar.

Te fuiste, dejándonos solos ante un abismo de nuevos segundos, minutos, días y más días en los que ya no estarías tú. Y sí, volvimos a reír, a soñar despiertos, a llorar y a dejar que la vida nos guiase, pero en cada uno de esos instantes nos faltó el eco de tu inconfundible sonrisa, la luz de tus ojos para iluminar nuestras esperanzas y tu hombro para que las lágrimas encontrasen su remanso de paz…

Papá no ha habido un solo momento desde entonces en el que no te haya pensado, y de algún modo, siento que me susurras la mejor respuesta cuándo no sé bien qué hacer, que recorres el camino sin soltarme de la mano como solíamos hacer en nuestros memorables paseos. Te veo en cada rincón que recorrimos juntos y me invaden los recuerdos.

Papá, aquel día gris comprendí las palabras de mamá: “los padres hacen falta siempre”. ¡Cuánta razón tenía! Me hago inevitablemente mayor, aunque hubiera deseado quedarme para siempre en tu regazo escuchando hermosas canciones de cuna, o bailando sobre tus pies las bellas melodías que volaban libres al compás de aquel viejo gramófono. Pero no pude oponerme al devenir de los días, y en ellos siento que me faltas tú.

Te quiero tanto papá…Juntos creamos una maravillosa historia, quizá demasiado breve, pero cargada de intensidad. Páginas que nunca me canso de releer, porque en ellas estás tú, tu perfume, tu sentido del humor, tu alegría, tus sabios consejos, tus palabras siempre llenas de amor y en definitiva, tu esencia, la que me da fuerzas cada mañana para afrontar un nuevo día, para combatir las adversidades y encontrar en los pequeños detalles el sentido de la existencia.

Sé que tendré que aprender a vivir con la ausencia de tus abrazos, con la necesidad de contarte mis sueños y el deseo irrevocable de hacer planes contigo. Sé que no pasará un solo día en el que no te eche de menos hasta el culmen de la desesperación, que no lloraré de dolor mirando al cielo; que no acariciaré con las yemas de mis dedos cada letra de tus cartas, queriendo emular la danza maravillosa de tu trazo. Pero nunca perderé la fe y te seguiré buscando en las estrellas, en cada recoveco de nuestro hogar, en el silencio de mi soledad y en mis infinitos recuerdos a tu lado, porque también sé, y estoy segura de ello, que siempre, siempre te encontraré cuidando de todos nosotros.

Siempre tuya, siempre mío, siempre nuestro.

Ibi, 1 de Noviembre de 2015

Querida Loles:

Hace tiempo que no te recuerdo, ya que no quiero ponerme triste pensando que ya no estás. Pero hoy como no es un día cualquiera lo voy a hacer para recordar lo importante que fuiste para mi familia.

No me acuerdo mucho de todo, aunque siempre hablaron muy bien de ti, pero sí recuerdo algunos momentos sobre todo en verano, cuando siempre que llegábamos nos esperabas sentada en la silla del porche y salíamos a saludarte.

Cuidaste a mi abuela cuando era pequeña, creciste con ella, y luego también cuidaste de mi madre y de mis tías y mi tío con todo tu cariño, por eso eras como una más de la familia y yo te consideraba como mi segunda abuela.

Según me han contado y me imagino, pasasteis muy buenos momentos y os divertisteis bastante, pero el 17 de febrero de 2008 sonaron las últimas campanas para una señora que hizo muy feliz a una familia.

Mis seres queridos estaban muy afectados, pero como todos hacemos, lo asumimos y tratamos poco a poco de reponernos a tanto dolor.

Pero la carta no acaba así, la última vez que sentí que estabas con nosotros fue cuando vi donde creciste y conocí a la chica que te cuidó durante los últimos años, y cuando nos íbamos me pareció verte diciéndonos adiós. Espero que algún día te llegue esta carta o sientas lo que he escrito…

Un abrazo. Siempre a tu lado, Victoria

Victoria Bernabéu Balibrea, 1ºESO B

A mi tío Rafa:

¡Hola tío Rafa! Hace mucho tiempo que no te veo, que no te hablo… ¡Te echo tanto de menos! Recuerdo cuando yo era muy pequeñito y subía a tu casa, me veías y me dabas un abrazo con voltereta incluida. Recuerdo cuando nos hacías reír a todos con tus chistes y bromas, que siempre eran muy divertidas y me hacían disfrutar.

Eras un apasionado del fútbol; siempre que había un partido del Barça, lo veíamos juntos, ya que de toda la familia a ti y a mí nos encantaba, y tú siempre me decías: “El meu culé preferit”. Nunca olvidaré el día después de Reyes cuando venía de ver a mis primos de Agost y me fui contigo, con Kiti y con mi padre a ver el Celta-Alcoyano a Alcoy.

Ha habido momentos que he olvidado, otros que recuerdo y me hacen reír, pero lo que nunca olvidaré es que eres una muy buena persona y que fuiste el mejor tío que podría haber tenido nunca. Sé que lo tuyo no fue un adiós, sino un hasta luego y estoy seguro que volveré a verte.

De tu culé, Sergi

¡Te mando mis besos y abrazos!

¡Te quiero Rafa!

Sergi Juan Beneyto, 1ºESO A

Al mejor pajarito…

¡Hola Pepe!

Hoy te escribo para recordarte. Hace ya dos meses desde que te fuiste y te echo mucho de menos. Recuerdo cuando te silbaba y tú piabas y te alegrabas, o cuando tenías miedo y te escondías y cuando yo llegaba salías de tu escondite ¡qué bien lo pasábamos! Recuerdo aquella singular mancha marrón que tenías alrededor del ojo.

Te contaré un poco sobre mi día a día: he empezado un nuevo curso y ahora estoy en la ESO, me va muy bien, en casa todos te echamos en falta. Espero que tú nos sigas recordando.

Cuando leas esta carta, seguro que te acuerdas de mí y recuerdas aquellos buenos momentos que pasábamos. Y aunque no estés conmigo siempre te recordaré.

Hasta siempre…

Javier Rueda Pérez, 1ºESO B

¡Hola abuelo! Sé que estás conmigo cuando sufro, sé que siempre me escuchas y permaneces a mi lado. Hace 2 años desde que no estás con nosotros, con la familia. Recuerdo ese día, cuando la abuela habló con Floren la profesora, y oí que habías fallecido. Durante esa clase estuve triste, no almorcé y no sonreía. Por la noche dormí en casa de los tíos y no fui al cole a la mañana siguiente. Ese día soñé que estábamos llorando y tú no estabas…La abuela llora cuando piensa en ti.

Espero que estés bien. Un abrazo muy grande de tu nieto.

Marcos Berlanga Juárez, 1ºESO A

Mi querida kika

La última vez que te vi fue el día después de que vinieran unos amigos a casa. Me acuerdo que te metimos en el agua y tú nadabas con tus patitas; aquel día también te disfrazamos de payaso, de vaca, de Michael Jackson…e incluso bailabas cuando te poníamos música.

Cuando veías un balón empezabas a intentar morderlo, pero no podías porque era demasiado grande. Cuando mi padre me pegaba de broma para ver la reacción que tenías, tú le ladrabas. Entre semana, por la mañana, te encontraba en mi cama metida con la cabeza sobre el cojín. También me acuerdo que cuando veías algo que daba vueltas le ladrabas

No sé dónde estás, pero espero que no estés muy lejos.

Con mucho amor, Isabella

Isabella Berenguer Bravo, 1ºESO B

Mi querida abuela:

Yo no te llegué a conocer, pero las personas que sí lo hicieron: tus amigos, me cuentan que eras una mujer alta, guapa, una señora elegante y con mucho temple, es decir, una mujer de los pies a la cabeza.

Tuviste mucha suerte en la vida, pues pudiste disfrutar de tu bella familia. Tenías y tienes unos hijos fantásticos. Tus amigos me dicen que os lo pasabais muy bien en esos viajes que hacíais todos juntos, unas veces a Benidorm, otras a París e incluso a pasar el día en un barco.

Tu hija, mi madre, me contó que una vez os fuisteis con un barco de un amigo vuestro y que parasteis en alta mar para bañaros. Todas las mujeres os estabais bañando tranquilamente, cuando de repente, Javi, (el más pequeño de la casa), se tiró de bomba desde el barco y salió del agua gritando: ¡Un pulpo!, y todas vosotras escapasteis a correr hacia el barco.

A mí, personalmente, me hubiera gustado conocerte, lo que es lógico, para saber lo que te gustaba, tus aficiones y, sobre todo, para tenerte aquí disfrutando de la vida y quererte mucho.

Con amor y respeto…

Tu nieta a la que no pudiste conocer, Elena

Elena Pastor Rodríguez, 1ºESO A

Querido abuelo,

Soy tu nieto, Santi, y te hablo desde la Tierra. Quiero decirte que desde que falleciste, mi corazón está vacío ya que faltas tú, una persona que siempre me quiso y siempre estuvo a mi lado, en lo bueno y en lo malo. Desde que nací, me cuidaste para que estuviera bien. Nunca olvidaré nuestros momentos en la caseta, paseando por Onil, en el mercado, en tu casa… Todos esos recuerdos son inolvidables. Para mí, todos los días 9 de cada mes se han convertido en sagrados. Y lo más importante, ha sido que no he podido demostrarte lo mucho que significabas y significas para mí.

Besos y abrazos,

Tu nieto, Santi

Santi Millán Pérez, 1ºESO B

Querido perro Chiki:

Hace ya 5 años que te fuiste…Espero que estés bien allá donde estés, aún recuerdo aquellos momentos en los que jugábamos a que yo te lanzaba un palo y tú ibas corriendo a recogerlo y me lo traías; como cuando te lanzaba las bolitas de tu comida y tú saltabas muy alto y te las comías.

Aunque no vivieras conmigo porque tenía alergia, cuando iba a casa de mi abuela -donde tú estabas- siempre me recibías muy alegre y me traías ese palo con el que siempre jugábamos para que jugara contigo. Auque eras un poco travieso (porque siempre que veías un balón mío de fútbol te lo llevabas corriendo y me lo pinchabas), recuerdo aquel sábado por la mañana cuando me llamaron mis abuelos diciéndome que estabas muy enfermo y que fuéramos rápido, como un día gris. Cuando llegué te vi apagándote, estabas tan malito…Viniste andando hacia mí y te di un fuerte abrazo y de repente, mientras te abrazaba, te fuiste para siempre. Fue un final muy triste. Nunca te olvidaré.

Adrián Galiano Martínez, 1ºESO A

A mi bisabuelo Virgilio:

Querido bisabuelo; te dedico esta carta con todo el amor del mundo. Quiero que sepas que no me olvido de ti, aunque estés en un lugar distinto y lejano, porque los tres años que conociste de mi vida fueron estupendos contigo.

Recuerdo una imagen en la que estoy jugando contigo un sábado por la mañana en tu casa. Tú estabas muy feliz y contento. Me hubiera gustado conocerte un poco más, pero el poco tiempo que compartí contigo, fue suficiente para hacerme saber que eras una persona maravillosa, alguien especial con un sentido del humor enorme y un corazón de oro.

Sé que ahora estás en un lugar mejor y no hay por qué estar triste. Desde aquí te mando un fuerte beso, que no tuve ocasión de darte para despedirme, y un abrazo.

Con todo el cariño del mundo, Miriam.

Miriam Navarro Moreno, 1ºESO B

Estimado Ramón:

Me acuerdo perfectamente del día que naciste, el uno de Abril de 2012, pero lo que quería decirte es que echo de menos tu presencia y todas las cosas que solías hacer, me gustaba cuando te quedabas dormido en el sofá los días de lluvia y los soleados. Me encantaba acariciarte ya que eras muy suave, y también me agradaba el momento en que empezabas a maullar en el umbral de la puerta sin consuelo cuando hacía frío.

De pequeño eras muy chiquitín, de mayor engordaste un poquito, lo cual no era problema ya que cuando te acostabas encima de mí me dabas más calorcito, también me encantaba hacerte rabiar poniéndote el gorro de nenuco y haciéndote una foto, pero me salió mal, ya que hice una foto chulísima, ¡y cómo no! te hice otra con el gorro de Papa Noel, y así sucesivamente. Otras cosas que solías hacer era ronronear como una locomotora, y cuando estabas durmiendo ya podías tener un sueño profundo que cuando oías el ruido del pienso te levantabas sin pensarlo dos veces, y cuando comíamos nosotros en la terraza teníamos que atarte a la sombrilla para que no subieras a la mesa ¡eras un comilón!

Un saludo, y espero que nos veamos dentro de muchos años.

Mar Juan Reig, 1ºESO A

Me gustará decirte muchas cosas y no sé bien por cuál de ellas empezar, quería decirte que eres una persona muy especial para mí. Hace seis años nos dijiste a toda la familia lo de tu grave enfermedad. Fue una noticia muy horrible para todos, pero poco a poco me fui dando cuenta de lo mucho que te esforzabas, que nunca te rendías ante las dificultades, de lo valiente que eras… Pero llegó el día en que te fuiste, ese día fue muy triste para todos, aunque aún hoysiento que estás a mi lado, que me apoyas, que me das ánimos, fuerza para seguir hacia adelante y mucho cariño. Fuiste una persona muy importante para mí, y quiero que lo sigas siendo en mi interior. “Sé ángel de mis sueños y espérame allá donde estés”.

Antonio Martí Bernabéu, 1ºESO B

Hoy en esta carta tan emotiva, os voy a hablar de una persona que aunque no esté muerta, está enferma y no recuerda su vida con claridad. Esta persona es mi tío abuelo Augencio Pérez Cabeza, que nació en Porcuna, Jaén. Él tuvo una vida dura y fue un gran luchador desde pequeño. Conforme fue haciéndose mayor empezó a ayudar en el negocio de su padre, que tenía un bar, y además de eso se fue a hacer el servicio militar a Melilla con sólo 18 años, y cuando volvió, pasados unos años, murió su madre Milagros, y siendo él el mayor de los hijos se hizo cargo de cuidar a sus hermanos con tan sólo 22 años, sobre todo de su hermana pequeña Ana de 7, que es ahora mi abuela.

Ya con 32 años empezó a tener sus propios negocios, y se trasladó a Barcelona junto con sus hermanos y su padre. Allí montó un bar y después de unos años murió su padre, por lo que decidió venirse a Ibi, aquí solicitó en el Mercado Central un puesto y puso una carnicería. Él trabajó en la carnicería durante años, hasta que volvió a iniciar, ya con 46 años, otro negocio, en este caso un restaurante en Ibi cuyo nombre es “El Picaor”, como a él lo apodaban. Trabajó mucho siempre y luchó incesantemente para sacar el restaurante adelante. Pero también éste le dio grandes recompensas porque él amaba su trabajo. Actualmente, debido a su enfermedad, se encuentra ingresado en un centro de enfermedades neurológicas, pues padece alzhéimer.

La familia lo amamos un montón, vamos a visitarlo todos los días pero ya no nos conoce y tenemos mucha pena, sobre todo su hermana pequeña Ana, porque él siempre fue como un padre para ella, ya que él la cuidó durante su infancia e incondicionalmente. Ha dejado un recuerdo imborrable en nosotros durante su vida de trabajador y buena persona. Desde aquí, quiero transmitirle que lo quiero mucho y espero que con 78 años que tiene se recupere y pueda volver a su casa.

Darío García Segura, 1ºESO A

Tú siempre estuviste a mi lado, recuerdo que me recogías del cole y siempre te daba la mano y nos bajábamos cantando la misma canción. Ahora, aunque no estés aquí sigo cantándola desde mi corazón. También me acuerdo cuando llegaba a tu casa, siempre te dábamos un besito en la frente.

Mi madre nos dijo una mañana que nos fuéramos a la caseta de mi tía cuando estabas en el hospital. Al tercer día mi madre vino a por nosotros, y yo la vi muy seria, hasta que una vez en casa me dijo que  tú habías muerto y yo me eché a llorar.

Te echo tanto de menos…

Neus Lozano Mira, 1ºESO B

Querido Chicky Blue,

Mi querido gatito, me acuerdo que te encontramos cuando eras muy pequeñito, maullando debajo de un árbol de mi calle y estabas muy asustado, entonces te acogimos cariñosamente en nuestro hogar; también me acuerdo que el primer día que estuviste en nuestra casa mi madre te subió al sofá y te arropó con una mantita porque tenías frío. Recuerdo cuando te metías detrás o debajo de la nevera o del sofá, hubo una noche que dormiste encima del DVD porque estaba calentito, pero eso de campar a tus anchas no duró mucho porque al día siguiente mi padre nos despertó diciéndonos que habías hecho tus necesidades en el sofá, y entonces te llevó a la caseta. Siempre que íbamos jugábamos contigo y a veces te molestábamos . Pues como mi tía vivía al lado, ella era la que te cuidaba, te daba de comer, te daba cobijo en su casa…A veces cuando íbamos huías de nosotras, otras te enrabiábamos y le mordías a mi padre.

Vivías muy feliz, te pasabas la noche dando vueltas y por el día tumbado o durmiendo en la terraza o viendo a mi tía como tendía la ropa. Hasta que un día te atropelló un coche. Fue uno de los peores días para mí. Por eso te he escrito esta carta , para recordarte estos momentos tan inolvidables e increíbles que siempre guardaré en mi corazón. También para pedirte perdón por todas las cosas malas que te hecho y para decirte que te quiero, que nunca te olvidaré y que siempre estarás en mi corazón.

Sonia Sanchís Arnedo, 1ºESO A

Querida Perla:

Te conocí cuando eras pequeña, y eras una perrita estupenda, me acuerdo cuando te dábamos paseos por la caseta. Tuviste dos cachorritos maravillosos, a uno de ellos lo llamamos Escubi , que fue con el último que te pudiste quedar.

Cuando íbamos con mi tía a la caseta os poníais súper contentos cuando nos veíais. Cuando íbamos a veros después del cole nos quedábamos allí a merendar y tú siempre venías a recibirnos. Yo siempre pensaba en ti y creo que tú también en mí, aunque a veces fuera un poco pesada. Siempre te acompañaba al veterinario cuando ibas para que no te preocuparas. Yo cuando tenía que elegir a una mascota, siempre te elegía a ti, porque eras buena, cariñosa, hacías caso y te quería mucho. Con el paso de los años me fui haciendo más mayor y tú también conmigo. Cada vez ibas más cojita, no oías tan bien como antes, tampoco veías de la misma manera, aunque yo fuera muy optimista y pensara que ese no era el inicio de tu final, mi tía siempre me decía que te quedaba poco para tu hora, pero yo prefería no pensar en eso, yo sólo pensaba en disfrutar contigo todo lo que te quedara. Pasaron días, semanas e incluso meses, hasta que llegó el momento de irte. Mi tía fue a la caseta y te encontró tirada en el suelo.

Recuerda siempre que yo desde el primer día que te conocí nunca te he olvidado. Siempre te querré Perla.

Sara Sanchís Arnedo, 1ºESO A

Abuelo esta carta te la escribo a ti con todo mi cariño. Falleciste el día 6 de Mayo de 2013, cuando yo tenía 11 años y tú 87. Mis hermanos y yo íbamos todos los fines de semana a visitarte porque vivías en Castalla y nosotros en Ibi, y siempre estabas en casa esperándonos con alegría al vernos, porque eras una persona muy alegre y familiar.

Los últimos meses de tu vida fueron tristes porque te veíamos sufrir. Me acuerdo de cuando fuimos al hospital de Alcoy con mis padres y mis hermanos a verte y te quedaste mirándome y me dijiste: “Mireu la xica què bonica està i què braços més bonics te”.

Esas palabras para mí fueron inolvidables porque estabas ya muy malito.

Te echo de menos porque tú me transmitías AMOR, PAZ Y FELICIDAD.

Besos de tu nieta.

Sandra Rico Berbegal, 1ºESO B

Querida abuela:

Soy Nieves, tu nieta. Te escribo esta carta porque te echo de menos, podrás pensar que es una tontería, dado que nunca te llegué a conocer, pero quiero que sepas que me hubiera encantado haberlo hecho, aunque, curiosamente, siento que de alguna manera lo hice por algunas cosas que papá me ha contado sobre ti.

También quería hablarte de algunas cosas que han pasado desde que tú no estás, una de las más importantes es que has tenido cinco nietos, dos niños y tres niñas, tres de los cuales son hijos de Eduardo. Ellos son: Leyre de 19 años, Eduardo de 16 años y yo de 12. Y los otros dos, que son de tu hija Blanca: Pablo de 13 y Adriana de 10.

En realidad lo que más importa de esta carta es que sepas que yo, aunque no te llegué a conocer, te quiero, te extraño y te tengo muy presente dentro de mi corazón.

Te quiere Nieves.

Besos y abrazos.

Nieves Casado Mira, 1ºESO A

Querida tía:

¿Cómo estás? Imagino que bien, ya que te habrás encontrado con tus padres y tus hermanos. Aquí estamos más o menos igual. Digo “más o menos” porque, al irte, has dejado un vacío que no conseguimos llenar.

Cuando más te echamos en falta fue en la comunión de Marina. Todos intentábamos no pensar en ti para no ponernos tristes: en lo contenta que te habrías puesto al verla, en cómo le habrías ayudado con el vestido, cómo te habrías reído…

La última vez que nos vimos fue cuando vinieron los primos de Granada a ver qué tal estabas. Si hubiera sabido que sería la última vez que te vería, no me habría ido a jugar con los pequeños… Si lo hubiera sabido, no me habría movido de tu lado… Si lo hubiera sabido te habría dicho una vez más “Te quiero”…

Debo ir despidiéndome, así que, si oyes esto, me gustaría que mandases alguna señal de que lo has recibido.

Con cariño y tristeza,

Lucía Fernández Giner, 1ºESO B

Querido Lucas:

Hoy he tenido la necesidad de escribirte, la necesidad de recordarte, de revivir aunque fuese sólo por un ratito, todo lo que compartí contigo. Y es que aunque eras un perro, para mí eras mucho más que eso. Eras un amigo, un compañero y el más fiel guardián de nuestra caseta.

Llegaste a casa un mes de septiembre de hace ya algún tiempo. Eras un precioso cachorro de pastor Belga de un color negro intenso brillante y hocico alargado. Tenías unas patas recias y fuertes. Eras un cachorro precioso y muy juguetón.

Desde el primer día supe que formarías parte de nuestras vidas y que cuidaría de ti para siempre.

Crecías muy rápido, pero nunca perdiste ni un ápice de tu alegría. Eras inquieto y fiel y poco a poco te convertirte en un gran perro adulto, negro azabache, de orejas puntiagudas y de pose amenazante… Aunque nunca hiciste daño a nadie, todo lo contrario, cuidaste de nosotros hasta que con quince años, ya muy viejecito y sin casi poder moverte, tuvimos que tomar la más difícil y dolorosa de las decisiones. Tuvimos que ayudarte a dejar de sufrir y acompañarte en el último de tus viajes.

Siempre estarás en mi recuerdo

Álvaro Medina Pérez, 1ºESO A

Esta carta al cielo va dirigida a mi pájaro Lola . Cuando yo tenía 7 años, mi compañero de clase Javier me regaló un pájaro por mi cumpleaños, a Javier también le gustaban mucho los pájaros, él tenía uno que se llamaba Lolo, así que yo le puse al mío Lola. Me encantaba jugar con ella, aunque alguna vez que otra me mordía. Me gustaba cuidarla, darle de comer, de beber, pero no me hacía mucha gracia limpiar su jaula.

Lola tenía el plumaje amarillento y una cresta verde. No era de gran tamaño, aunque era bastante fácil reconocerla porque tenía un amarillo bastante fosforito. Todos los días de verano la sacábamos a una ventanita, y por la noche la metíamos de nuevo, no obstante, un día se me olvidó meterla dentro de casa y pasó toda la noche fuera. Al día siguiente, me iba al cole cuando me di cuenta que su jaula estaba en el suelo con la puerta abierta. Desde ese momento no ha habido día que no haya pensado en ella. La echo mucho de menos desde lo ocurrido .

SIEMPRE ESTARÉ CONTIGO LOLA

Natalia Guillem Mayor, 1ºESO B

Yo tenía una bisabuela llamada Carmen. De pequeño, muchos cumpleaños los celebré en su casa. En Reyes Magos siempre nos íbamos a ver la cabalgata con ella, y como vivía en una casa grande, los negros nos subían los regalos por las escaleras. También tengo recuerdos de cuando nos reuníamos a comer toda la familia en su casa. Me acuerdo que cocinaba una especie de pastelitos a los que llamaba «pastissets», que estaban buenísimos.

Siempre me decía: «Nicolás, sé aplicat i estudia molt». El último día que la vi fue en la boda de mi tío en 2011. Hasta ese día me lo pasaba genial con ella. ¡Era la mejor!

Nicolás Martínez Company, 1ºESO A

Querido bisabuelo. Nunca pude verte, ya que vivías en Ecuador, pero siempre me pregunté ¿cómo eras?, ¿qué hacías?, etc. El día que mis padres me contaron que habías fallecido me puse muy triste, y me preocupé mucho porque pensé en qué pasaría si algún otro familiar falleciese o le pasase algo grave. No pude ir a tu entierro ni pude decirte «Adiós». Pero tengo que seguir mi camino y encontrar mi destino y ser fuerte, que ningún obstáculo de mi vida me atormente.

Este mal recuerdo será algo que no podré olvidar.

Kessvan Cedeño Espinoza, 1ºESO B

Cartas al cielo

¿Alguna vez os habéis parado a pensar en la relatividad del tiempo? En ocasiones, aunque éstas sean mínimas, disponemos de mucho y, sin embargo, no lo invertimos bien, lo derrochamos sin caer en la cuenta de que nada, ni nadie nos lo podrá devolver. Otras, por el contrario, quisiéramos atraparlo, estirarlo, hacer con él malabarismos, pero todo esfuerzo es en balde, porque éste no se resiste y se escapa entre nuestros dedos mientras nos sentimos inmensamente tristes, decepcionados e impotentes. Y es entonces cuando recordamos con dolor todas aquellas veces que no le dimos al tiempo su sitio, que no lo valoramos como debíamos hacerlo…El tiempo viene y se va, pero nunca lo hará de la misma manera; necesitamos de su inmensidad para saborear la vida, pero si menospreciamos su fugacidad, nos invadirá el vacío.

Todos hemos perdido a alguien a quien amábamos, respetábamos y admirábamos con todo nuestro corazón. Y en aquel fatídico instante hubiésemos deseado poder volver a atrás, borrar nuestros fallos, dar más besos de los que dimos, no concederle ni un minuto a cualquier nimia discusión, recrearnos en la simpleza de los pequeños detalles que engrandecen el viaje, mirar con fervor las facciones de su rostro, sentir de nuevo el tacto cálido de su piel, la ternura y la sapiencia de sus palabras…Pero en aquel ominoso y gris instante ya nada de lo que pudiéramos desear es posible. Sin embargo, un sentimiento de paz nos reconforta al pensar en el tiempo disfrutado junto a esa persona, en todas las experiencias compartidas, en las veces que erramos, pero también aprendimos, en los sueños alcanzados y en las promesas que juramos cumplir en su nombre. Y eso es todo lo que nos queda cuando reina el silencio eterno.

No podemos saber qué hay más allá de esta vida, ni tener la certeza de que nos estén escuchando, ni siquiera de que puedan vernos, pero si hay algo cierto es que el amor no termina aquí, es la única fuerza capaz de atravesar la barrera del tiempo, cualquier inhóspita distancia. El amor que dimos y el que recibimos vive en nosotros, en los que se marcharon y en los que vendrán.

Hoy, con los ojos puestos en un infinito cielo azul, mandan sus emotivas y profundas cartas los alumnos de 1ºESO. Y así esta noche, miles de estrellas brillarán más que nunca en el firmamento.

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Querido primo Nicolás:

Hace tiempo que no te veo, pero quiero que sepas que no te he olvidado y sé que siempre estarás conmigo. Echo de menos esos momentos que pasábamos juntos en casa de los abuelos cuando éramos pequeños. Echo de menos tu sentido del humor, tu rostro. Me encantaría que pudiéramos volver a jugar como lo hacíamos, aunque sé que tal vez tú no te acuerdes de nada, porque tenías cuatro años.

Carla Valero

Cuando llevaba tiempo sin verte yo le decía a mi madre: “Mamá, ¿cuándo vamos a ver al primo Nicolás?» A veces incluso me ponía a llorar, pero cuando me enteré de lo que te pasó y de que no volvería a verte lloré con más fuerza.

Sé que dentro de mucho tiempo podremos reunirnos de nuevo, donde desde hace tiempo que tú estás.

TE QUIERO MUCHO, CARLA

Carla Valero Ruiz, 1ºESO B

¡Hola tío!, hace mucho que no sé de ti. Te fuiste sin decirme adiós, sólo dejando tristeza por tu pérdida. Pero sé que no fue culpa tuya, la vida puede ser muy injusta…

No supe apreciar tu amor, ni los pequeños regalos que me hacías. Realmente pasaba la mayor parte del tiempo contigo, pero no pensaba en lo afortunada que era teniéndote a ti. No valoraba las cosas como las valoro ahora. Hasta que un día más del año, te fuiste sin más.

 Lucía Tárraga

Tú me enseñaste muchas cosas, pero sobre todo a apreciar a la gente que quiero. Eras como un segundo padre para mí. Me contabas historias, jugabas conmigo y, sobre todo, me querías. Ahora te añoro mucho porque no te tengo para que me aconsejes en momentos difíciles o para que simplemente te vea y te abrace con todas mis fuerzas. Gracias por todo. Te quiero.

Lucía Tárraga Romero, 1ºESO A

Yo tenía cuatro años cuando desapareciste, te fuiste de nuestra vida casi sin avisar, en silencio, te fuiste en el momento más difícil. Nuestra relación era muy estrecha, pues como nuestra casa es un dúplex vivíamos nosotros arriba y tú abajo; aun me acuerdo de cuando todas las tardes al venir del colegio iba corriendo a tus brazos, con ganas de pasar la tarde contigo, como cualquier niño siempre quiere ver a su abuela.

Mis hermanas no pudieron conocerte, pero si hubiese sido así nos lo hubiésemos pasado muy bien las cuatro juntas al tenerte viviendo debajo de nosotros. Tu partida fue más difícil de afrontar por el hecho de que nos veíamos todos los días. Al recordarme mamá cómo nos lo pasábamos juntas, no puedo dejar de llorar.

Nerea Giner

Te fuiste poco después de que mamá anunciase que tendrías dos nietas más, a las que ya no pudiste ver, abrazar, besar…No pudiste verlas sonreír, cogerles el dedito con la mano, y eso entristece más aun tu partida, aunque sé que la muerte no te llevo del todo, pues ella no sabía que siempre estarías en nuestro corazón. Sé que ahora estás en un lugar mejor cuidando de todas mis mascotas. Tú lo dabas todo por todos, te preocupabas más por los demás que por ti misma. Para nosotros eras la persona más buena de todas, por eso vamos cada dos semanas a verte, para no entrañarte, para que esta vida no se convierta en un mar de lágrimas porque como todos, vivimos y después morimos. Es el ciclo de la vida.

Te echamos de menos, pero sé que estás bien, cuidando y protegiéndonos a todos nosotros.

Te quisimos, te queremos y siempre te querremos.

Nerea Giner Aguado, 1ºESO B

Os escribo esta carta porque creo que es el momento oportuno para deciros lo que os quiero y os añoro, porque ahora soy yo la que necesita ese amor que vosotros teníais, ese apoyo y ese ánimo que tanta falta me hace.

Si os escribo esta carta es para que sepáis que sigo aquí a vuestro lado, que podéis apoyaros en mí, agarraros a mi brazo para caminar más lejos, de la misma forma que yo siempre encontré una sonrisa y unas palabras de aliento en vosotros. Quiero que sepáis que os quiero y que siempre os querré, pero es que además de quereros os admiro, por vuestra valentía, por vuestra fuerza y por vuestra capacidad para hacerme las cosas más fáciles. Fuisteis vosotros quienes abristeis el camino y yo seguí vuestra estrella, seguía las huellas de vuestros pasos porque así me sentía más segura. Y siempre estuvisteis pendientes de que no me perdiera.

Vuestra presencia en mi vida es de las cosas más importantes que me han ocurrido. En todo momento estuvisteis a mi lado, acompañándome y ayudándome.

La distancia nos apartó, pero haría todo lo posible para que volviéramos a encontrarnos, pues al alejarnos, siento que perdí la mitad de mí.

Hoy vuelven a mi memoria tantas ocasiones en las que nos hemos divertido. Río aún estando en soledad, porque sé que no estoy sola, porque os tengo a mi lado aún estando lejos. También recuerdo algunos momentos difíciles en los que lloramos, pero las lágrimas cuando se comparten alivian el dolor de quien sufre.

Valorabais mis cualidades, esas que yo no conocía; fortalezas que creía perdidas, aspectos de mí que con vuestra ayuda se renovaban para mi crecimiento.

Soraya Aracil

¡Recuerdo cuántas situaciones difíciles compartimos y cómo las superamos! Sentiréis que esa fortaleza os da ánimo para seguir adelante. ¡Cuántas veces me habéis dado fuerza para superar los conflictos que surgían!

Ni la distancia ni el tiempo logrará separarnos. Nada hará que os olvide o que sienta que no os necesito. Sois unas personas únicas. ¡Qué difícil el momento de la despedida, el temor de no teneros cerca si os necesito!

Me entristece no saber de vosotros durante mucho tiempo. Me es imposible ocupar ese vacío con otras personas. Hacerme saber cómo estáis, nunca dejéis de comunicaros conmigo. Decirme lo que queráis, pero no me dejéis en silencio.

Curasteis mis tristezas, junto a vosotros todo eran sonrisas, teñíais mi vida de colores alegres, erais mi alegría, os necesito rodeándome con vuestros brazos, hablarme, escucharme, sentirme; si vosotros no estáis a mi lado se me acabó la alegría, son tantos los sentimientos que tengo hacia vosotros, tanto miedo hay dentro de mi corazón…Siempre estáis en mi cabeza, no hay un solo segundo que desaproveche sin pensar en vosotros, sin vuestro amor en mi vida no puedo vivir, cada vez que pienso que el día que os perdí me pregunté: ¿Qué haría yo sin vosotros? ¿Y sin vuestro amor? … Son tantas las preguntas, con una sola respuesta, no soy nadie. Nunca os dejaré de amar, nunca en la vida os podré olvidar y siempre estaré junto a vosotros. Estar con vosotros sería un verdadero sueño para mí.

¡OS QUERIO!

Soraya Aracil Seco, 1ºESO A

MI ABUELA MARIA:

Recuerdo cuando de pequeño iba a casa de mi abuela María y me cogía de los mofletes y me decía: ¡Qué guapo es mi Pascual! No tengo muchos recuerdos de ella porque murió cuando yo tenía tan solo 4 años.

Mi padre me ha contado que tuvo una vida complicada, ya que tuvo que criar a 9 hijos sin las comodidades de las que disfrutamos ahora.

Pascual Chamorro

Tenía 17 nietos y yo era el más pequeño, por eso tenía especial predilección por mí. Me hubiera gustado conocerla mejor, porque según me han contado era muy buena persona y quería mucho a los suyos. Es una pena que no haya podido disfrutar más de su compañía.

Pascual Chamorro Sánchez, 1ºESO B

Esta carta es para ti abuelo. Sé que no pude disfrutar tanto tiempo como me hubiera gustado de estar junto a ti, pero me encantaría que supieras que te quiero, que te echo de menos, que me encanta y me entristece a la vez cada vez que la abuela dice: “Ay si estuviera aquí el abuelo Joaquín, lo que disfrutaría con él”.

Me duele cada vez que veo fotos de mis amigas con sus abuelos, y yo no puedo estar a tu lado…Me encantaría que estuvieras aquí y poder montar en bicicleta juntos, que me enseñaras a tocar la guitarra, que nos fuéramos de excursión…En definitiva, todas esa cosas que tan bien se te daba hacer y que no me pudiste enseñar.

Cuando no puedo dormir, porque he tenido alguna pesadilla, pienso que estas ahí conmigo, porque todavía recuerdo que cuando era pequeña me encantaba irme contigo al circo y si tenía miedo de algún payaso me agarraba a ti y me sentía segura. También me acuerdo de ti cada vez que voy a casa de la abuela y veo vuestras fotos. Pero lo más importante es que te quiero y te añoro y que espero que aunque no sea muy posible puedas leer esta carta algún día.

Lucía Montesinos Medina, 1ºESO A

¡Queridos abuelos de Bañeres! Es una lástima que no nos conociéramos abuelo, me hubiera encantado haberlo hecho, aunque tu hija Mª Angeles me ha contado anécdotas tuyas y así, en cierto modo, es como si te hubiera conocido.

Abuela, a ti sí te conocí, afortunadamente. Sé que en tu vida pasaste momentos angustiosos. Me acuerdo de aquella frase que me decías con cariño: ¡Eres un…Payaaaso! Que siempre estará ahí, en mi corazón. Abuelo, de ti poco puedo decir porque como ya dije antes, no nos conocimos.

Carlos Asensio

Abuela, ahora la tan amada casa donde vivías, no está igual, ya que ahora viven otras personas, pero ¿sabes qué? Que esas personas son tu nieto Jordi y su novia Cristina. ¡Ah! Cuando por desgracia destruyeron la casa para renovarla, el crucifijo que teníais en vuestra habitación seguía colgado. Creo que vosotros estáis en el cielo arropados por Cristo. Ahora vuestra nieta Ana ha tenido un hijo, Álvaro, se llama, y vuestra hija Carmina es abuela. Cuando vamos a la Iglesia, siempre rezamos por vosotros, (y por los demás, claro). Siempre os recordaré, estéis donde estéis. Os quiero.

Carlos Asensio Alal, 1ºESO A

¡Yaya! Así te llamaba yo, aunque sé que no lo eras realmente, para mí siempre lo fuiste. Todavía me acuerdo de ti, aunque me dejaste cuando yo tenía solo cuatro años, pero sigo recordándote, en cada cumpleaños, en cada navidad, que ya no pasas con nosotros. Cada tarde que ya no te veo sentada en el sillón de la abuela… Sé que te enteraste que mi madre estaba embarazada de mi hermano un día antes de que fallecieses. Y si me estás escuchando, quería decirte que Carlos ya tiene ocho años; juega al tenis y es un crack con las mates. A veces me pregunta por ti y no sé muy bien cómo responderle. Ojalá lo hubieras conocido, te hacía tanta ilusión… añoro mucho pasar por delante de tu casa y no poder subir a darte un beso, o pasar un rato contigo.

Sara Martínez

Rezo cada día por ti, y espero que tú también por mí, que me des ánimos para seguir luchando, para seguir este camino y, finalmente, reencontrarme contigo. También quería decirte que aprendí a tocar el piano, y quiero que sepas que todas mis canciones van dedicadas a ti.

Sara Martínez Aracil, 1ºESO A

A mí esta carta me gustaría dedicársela a dos grandes personas que han influido mucho en mi vida; aunque una de ellas no era familiar mío, yo sí lo sentí como parte de ella. A la primera persona a la que voy a nombrar es a Don Antonio. Te doy las gracias por haberme enseñado a ser quien soy ahora, por hacerme ver que la vida pasa muy rápido y que vale la pena disfrutarla, me ayudaste a valorarme y a saber afrontar las dificultades con una sonrisa, y que no se debe llorar por alguien que no lo merece. De verdad te doy las gracias. Sé que aunque no te pueda ver, te siento aquí a mi lado y sé que estarás orgulloso de mí por haber seguido tus pasos.

Laura Pérez

También quiero darle las gracias a mi bisabuela Amparo, de la que pude disfrutar hasta los 5 años, porque aunque fuera pequeña aún me acuerdo de ti, y de tu risa, tu bonita sonrisa, aquella a la que tanto añoro. Recuerdo que cuando hacía algo mal, me decías: «Como te vea, te pillo y…» y yo me reía. Decirte que aquí toda la familia te echa de menos y nos haces falta a todos. Decirte que yo ya soy mayor, ya tengo 12 años. Mi madre tuvo otra hija, se llama María y tiene ya 9 años; también el tete Emilio tuvo otro niño y se llama Germán, tiene 6 años, y aunque no te han podido conocer, Javier y yo les hemos hablado de ti y les hemos enseñado fotos tuyas y se han quedado con las ganas de conocerte, y entonces yo les he dicho que algún día, dentro de mucho tiempo, podrán tener el placer de hacerlo. Y que te queremos todos mucho y que en mi habitación, en una caja, guardo todas nuestras fotos y espero en un futuro poder volver a verte, poder darte un abrazo y un beso y decirte cuánto te quiero y sé que allí donde estés estarás en paz; y sé que te estarán cuidando mucho porque tú te lo mereces por ser tan grande. Gracias por todo abuela. Te quiero mucho.

 Laura Pérez Bernabéu, 1ºESO A

Esta carta va dedicada a una persona, que aunque no conocí, es para mí muy querida: mi abuelo.

Por desgracia, nací mucho tiempo después de que él falleciese. Me hubiese encantado conocer a este familiar, pero por cosas de la vida no fue así. No sé nada de él, pero conozco su rostro y un poco acerca de su vida gracias a mi abuela, mi madre, tías y tío que me hablaron de él. Me contaron que era alto, delgado, de cabello castaño, de ojos verdes, de gran personalidad y en definitiva, una bellísima persona tanto por dentro como por fuera.

Adrián Pradell

La abuela, mi madre, mis tías y mi tío dicen que fue la mejor persona que conocieron y un grandísimo ejemplo para todos. Yo siempre que puedo intento imaginarme su figura porque me gusta pensar en él.

Adrián Pradell Huertas, 1ºESO A

Hola soy Sofía. Escribo esta carta para mi abuela. Ella murió cuando yo tenía 9 años.

Te echo mucho de menos, me acuerdo de como tú me cuidabas desde bien pequeñita, me llevabas a la guardería y jugábamos juntas, tenía 6 años e iba a pasar a primero de primaria. Ese día fue muy triste porque yo no quería separarme de ti, pero no tuve más remedio que acostumbrarme. Me gustaba cuando tú me enseñabas a leer y a escribir, y cuando yo lo hacía bien, tú me dabas besitos en la mejilla.

Sofía Boyko

Ha pasado ya mucho tiempo y no sé si lo sabrás, pero ahora vivo en España. También te quiero decir que tienes a un nietecito que nació después de que tú te fueras. Todos te echamos de menos. Y mi abuelo, tu marido, aun no puede creer que esto pasara. Tus hijas todos los años van al cementerio y te ponen flores, rezan por ti.

Todos te queremos y vamos a quererte siempre. Nunca te olvidaré.

Sofía Boyko, 1ºESO A

A mis abuelos José Antonio y José no los conocí, pero si los hubiera conocido seguro que me habrían cuidado, me habrían enseñado a comportarme bien, a ser amable y a compartir las cosas con los demás y, sobre todo, a ser respetuoso.

Nacho Guerrero

Mi abuelo de Ibi me hubiera llevado al parque, algunos días me habría recogido del colegio, me podría haber contado historias, cuentos y cosas que le habían pasado. Mi abuelo de Onil, como íbamos todos los domingos a casa de mi abuela, también hubiese disfrutado mucho de mí. Me podría haber enseñado su colección de sellos, mostrarme cuáles eran los que más le gustaban, los que más le había costado conseguir. En verano, como voy a la caseta de Onil, me habría enseñado a plantar tomates, patatas y más cosas. Los dos me podrían haber enseñado mucho, pero por desgracia no fue así.

Nacho Guerrero Ferrer, 1ºESO A

Abuelo, aunque no tuve el placer de conocerte, me hubiese gustado haber vivido contigo muchas cosas. Me imagino cómo hubiese sido estar a tu lado, haber ido a la feria contigo, haber jugado…

Cada vez que voy a tu casa me gustaría que tú estuvieses allí, que pudiésemos compartir los momentos más felices de la vida… Cuando tú te fuiste tu hijo tenía 18 casi 19 años. Él seguramente se acuerda mucho de ti, porque cada vez que ve una foto de vosotros juntos se emociona mucho, aunque intente parecer fuerte y valiente.

Aitana Prats

Todas las noches rezo porque estés bien. Toda la familia te recordamos, pero la que más yo.

Besos, Aitana.

Aitana Prats Parra, 1ºESO B

Esta carta está dirigida a mi perrita Duki. Quiero que sepas que estés donde estés siempre te voy a querer.

Yo nací y tú ya estabas en el mundo para cuidarme.

Estuve contigo todo el tiempo, no sé porqué, pero siempre me refugiaba en ti, cuando mis padres me castigaban, cuando estaba mal…  Y tú siempre me sacabas una sonrisa.

Clara Rivas

Cuando me acuerdo de los momentos vividos a tu lado siempre se me saltan las lágrimas. Lo pasé fatal cuando te fuiste, estuve un tiempo muy mal. Y la verdad es que aún no me he hecho a la idea de no poder verte nunca más.

Estés donde estés, sé que me estarás escuchando, en un lugar mejor, desde nuestra estrella.

Clara Rivas Boronat, 1ºESO A

¡Hola Don Antonio! Me gustaría que esta carta fuese dedicada a ti.

La verdad es que desde que te fuiste las cosas han cambiado mucho, las misas no son tan interactivas, ni tan divertidas sin ti. Había gente muy ignorante que decía que eras muy serio, pero yo que te conocí bien, sé que no era así, porque tengo muchos recuerdos agradables contigo; como cuando Bárbara quería tomar la eucaristía y tú se la dabas a escondidas sin bendecir, y después acababa en el bolso de mi madre rota en mil trozos. También cuando siempre que íbamos a verte a la Casa Abadía, me dabas caramelos de miel que, aunque no eran mis preferidos, yo me los comía.

En los ensayos, antes de cada comunión, Bárbara se sentaba en tu rodilla. Una de los cosas que más me gustaron de ti, era que no tenías miedo a la muerte, porque te daba igual. Cuando era chiquitín te pregunté qué pasaba cuando te morías y me lo explicaste y desde entonces no le tengo miedo.

La primera vez que hice el cabo de escuadra tú estabas, como todos los años, delante de la Casa Abadía aplaudiendo, y después me dijiste que era la mejor persona que habías visto hacer el cabo.

Javi Latorre

La última misa que diste fue el día antes de tu muerte, duró menos de una hora, exactamente quince minutos menos, y yo ya me olía algo y le pregunté a mi madre que qué le pasaba a Don Antonio y me dijo que estabas malito.

Esa noche te fuiste al cielo. Cuando me enteré, no daba crédito, la persona más fuerte del mundo y valiente se había ido.

Al día siguiente fui a la Iglesia, y estaba repleta de gente que te quería y te conocía, pero no lloré porque te vi tranquilo, relajado, sereno como me explicaste que se queda la gente.

Siempre que entro al patronato y veo tu foto pienso que eras el mejor, tú sí que eras un superhéroe.

Eres el mejor y me gustaría que me esperases ahí arriba, en el lugar donde tú me dijiste que nadie se enfada.

Javier Latorre Martí, 1ºESO A

Querido abuelo.

Aunque casi no te conocí, me han hablado mucho de ti, de tus expresiones, tus gestos, tu forma de ser y tu trabajo. Cuando te fuiste, yo sólo tenía dos años, y por desgracia no tengo recuerdos de esa época. Tu muerte fue un golpe muy duro, te echamos mucho de menos.

Ninguno de nosotros es capaz de recordar tu voz, así que decidimos que buscaríamos videos de algún bautizo o comunión donde pudiéramos oírte. Yo no sé si lo sabrás, pero decirte que además de mí tienes dos nietas más muy guapas, aunque un poco trastos: Clara y Laura, mis hermanas. Pero también tengo una mala noticia, cuando tú falleciste, meses más tarde falleció nuestro perro Charly, a lo mejor está contigo. La cuestión es que intentamos tener otro, pero no nos podíamos hacer cargo de él. Yo estoy obsesionada con tener un perro, pero mamá no me deja y yo siempre le repito: ¡Ay mamá si el abuelo Juan estuviera vivo sí que tendríamos un perro!

Ahora Villalobos está un poco vacío porque ya no estás ni tú, ni Joaquín, ni Ricardo y se han ido perdiendo tradiciones de toda la vida. Abuelo te prometo que tu recuerdo seguirá siempre vivo en mi familia. Y aunque no te conocí mucho y te perdiste muchos sucesos importantes en mi vida, siempre llevaré tu imagen en mi memoria y siempre estarás en mi corazón, y que sepas que te quiero y que te echo mucho de menos, pero sé que ahora estás en un lugar mejor donde no se sufre, en el cielo con Dios.

Un beso de tu querida nieta Lucía.

Lucía Valls Hernández, 1ºESO B

Mi abuela falleció el 19 de Febrero. Ese día fue muy triste, al igual que los siguientes. Ella fue una persona muy alegre, guapa, buena y trabajadora. Nunca perdió su preciosa sonrisa, hasta en los momentos más difíciles, siempre que llegábamos a su casa nos recibía con una gran sonrisa. Siempre fue una persona muy activa, constante ante cualquier actividad como: coser, tocar el piano…

Yo aprendí muchas cosas de ella, por ejemplo, a ser buena persona, a comportarme bien, a hacer manualidades, a dibujar etc… Era una persona que me ayudaba en lo que hiciese falta, me apoyaba incondicionalmente… Pero, desafortunadamente, siempre llega ese día en el que nos tenemos que despedir de todas las personas a las que queremos, y ese día no lo podemos impedir, aunque no estemos preparados para eso. Me gusta creer que ella no se ha ido del todo y que desde el cielo nos está ayudando. Espero que donde esté, esté bien y sin sufrimiento. Y que desde allí nos guie por buen camino.

 Inés Mira Pérez, 1ºESO B

Esta carta se la escribo a mi gran abuelo Ángel Rico Marti, que era el padre de mi padre y falleció el 6 de mayo de 2013. Mi abuelo era una gran persona, muy generosa, muy simpática… Él siempre quería ver a la gente alegre, sobre todo a su familia. A mis hermanos y a mí nos encantaba jugar con él, porque nos hacía reír. A su lado pasamos momentos inolvidables porque cada segundo que pasabas a su lado era como si te regalaran el mundo, porque te lo pasabas genial.

Pablo Rico

Abuelo, te echo de menos, echo de menos esos momentos que pasabas junto a mí, esas risas… porque contigo me lo he pasado más que bien, aun me acuerdo cuando iba todos los domingos a visitarte y estabas sentado en la silla de ruedas, me dirigía de inmediato hacia ti, era el primero siempre en hacerlo, y me dabas un beso y cinco euros a escondidas para que nadie se enterase… En fin, los momentos que he pasado a tu lado son irrepetibles, éramos como el imán y el metal, estábamos siempre juntos.

Bueno decirte que te echo muchísimo de menos y te mando muchos besos y abrazos. Sé que ahí estás mejor, estás en paz porque eras una gran persona.

Mil besazos de mis hermanos Jorge, Sandra y yo.

Te quiero más que a nadie. Todas las noches pienso en ti y me emociono mucho, pienso que me das un beso y un abrazo.

TE QUIERO MUCHO YAYO

Pablo Rico Berbegal, 1ºESO A

Me dijeron que tenía que escribir una carta y sin pensarlo dos veces supe que quería dedicártela a ti, a mi bisabuelo Agustín. Tú fuiste al único bisabuelo que tuve oportunidad de conocer, y de hecho compartí muchas cosas contigo. Aunque cuando te conocí era pequeña y por ello, no me acuerdo mucho de todo, siempre te he llevado en mi corazón.

Ainara Bautista

Toda la familia te echa mucho de menos, mi abuela (tu hija), cada día me enseña más cosas sobre ti. Recuerdo que te sentabas siempre en la misma esquina del sofá, y yo me sentaba a tu lado para que me contaras una historia. El peor día llegó cuando apenas tenía 6 o 7 años, mis padres me dijeron que estabas muy malito y estabas en el hospital, desde aquel día yo quería ir a verte para saber cómo estabas. Entonces un día mi abuela avisó a mi padre de que estabas a punto de morir, mi padre me dijo que me esperara fuera, pero yo quise entrar y al final entramos todos, vi que estabas cubierto de cables, ahora sé lo que es, pero de pequeña no lo sabía. Parecía que me decías adiós, yo te miraba y no quería pensar lo que te podía pasar cada vez que cerrabas los ojos; mi madre me sacó de la habitación. Fue la última vez que te vi. Pocos días después falleciste.

Gracias por haberme dado la oportunidad de conocerte, siempre fuiste como mi abuelo, y me siento orgullosa de haber pasado momentos junto a ti. Un beso muy grande, de Ainara.

                                                                                                    Ainara Bautista Bayona, 1ºESO A 

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